La prueba de una semana sin móvil
Carla, estudiante de 19 años del CEU en Madrid, aceptó el reto de YO DONA y el viernes a medianoche guardó su móvil en una caja de plástico.
El experimento comenzó a las 00:00 h y duró siete días completos, sin que pudiera usar ninguna aplicación ni consultar el mapa.
Durante la primera noche, Carla salió de fiesta y, sin teléfono, utilizó una cámara digital para capturar fotos, descartando la costumbre de grabar TikToks.
Cuando llegó el momento de volver a casa, la falta de Cabify le provocó una oleada de ansiedad, pero logró encontrar un taxi a pie.
Cómo afrontó el desafío y qué sintió
Al día siguiente, el impulso de revisar Instagram fue inmediato, pero al no poder, se levantó y pasó la mañana cocinando con su padre, una actividad que había pospuesto durante meses.
La tarde la obligó a conducir a la casa de su amiga sin Google Maps; descubrió que la orientación urbana sigue posible sin GPS.
"Me di cuenta de que el ruido del móvil me había robado tiempo con mi familia", confesó Carla al final de la tercera jornada.
A mitad de la semana, la ansiedad disminuyó y surgieron momentos de mayor presencia: conversaciones sin interrupciones y fotos más auténticas.
El último día, al devolver el teléfono a la caja, Carla describió la experiencia como "un ejercicio de autocontrol que me dejó más tranquila y menos dependiente".





