Bloqueo del estrecho de Ormuz por Irán

Irán ha impuesto un cierre casi total del estrecho de Ormuz, limitando el paso de petroleros que atraviesan la zona. La medida entró en vigor el lunes y se mantiene sin previsión de alivio.

El estrecho transporta alrededor del 20 % del petróleo mundial, por lo que su bloqueo eleva de inmediato los precios en los mercados internacionales. Los contratos de futuros registraron un alza de más de 3 % en la primera jornada.

Las autoridades iraníes han desplegado buques de guerra y sistemas de vigilancia para controlar el tráfico marítimo. Cualquier embarcación que intente cruzar sin autorización será interceptada y retenida.

"Defendemos nuestra soberanía y garantizamos la seguridad del Golfo persa", declaró el portavoz del Ministerio de Defensa iraní.

Causas y consecuencias del cierre

El bloqueo responde a la escalada de la guerra interna en Irán, donde facciones rivales han intensificado los enfrentamientos. Teóricamente, la medida busca presionar a la comunidad internacional para que retire las sanciones económicas.

Con el estrecho fuera de servicio, los buques deben rodear el Cabo de Buena Esperanza, un desvío que añade entre 15 000 y 20 000 kilómetros al trayecto. Ese alargamiento incrementa los costos de transporte en un 30 % y retrasa las entregas.

Los principales exportadores de crudo, Arabia Saudí y Kuwait, han anunciado planes de aumentar la producción para compensar la interrupción. Sin embargo, la capacidad de sustitución es limitada y los mercados siguen volátiles.

Contexto histórico del control del estrecho

Durante 1580‑1622 la Monarquía Hispánica controló Ormuz, convirtiéndola en una pieza clave de la ruta de las especias entre Asia y Europa. Ese dominio permitió a la Corona cobrar tasas a cada nave que cruzaba, generando importantes ingresos.

El control se originó tras la unión de las coronas española y portuguesa, que heredó la fortaleza establecida por Afonso de Albuquerque en 1515. La guarnición portuguesa defendía el enclave frente a corsarios y a la emergente amenaza neerlandesa.

En 1622 el sultán persa Abbas I expulsó a los portugueses, poniendo fin al dominio hispánico y marcando el inicio de una nueva fase de influencia regional.

La incertidumbre persiste; los analistas advierten que cualquier prolongación del cierre podría desestabilizar aún más los precios del crudo y obligar a los consumidores a buscar fuentes alternativas. La presión diplomática sobre Teherán aumentará, pero la decisión de reabrir dependerá de la evolución del conflicto interno.

Ana Gutierrez
Ana Gutierrez

Corresponsal Internacional

Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.

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