Versalles recupera el dormitorio real de 1789

El Palacio de Versalles vuelve a abrir sus puertas al público con la puesta en escena del dormitorio real tal como quedó el 6 de octubre de 1789, día en que Luis XVI y su familia abandonaron el palacio. La visita, programada para abril de 2026, permite a los visitantes caminar por la estancia tal como la vio la monarquía en su último aliento antes de la Revolución.

Restauración meticulosa: 30.000 horas de bordado y recreación fiel

El proyecto, liderado por los arquitectos Jacques V. Gabriel y Ange‑Jacques Gabriel junto al escultor Jacques Verberckt, implicó 30.000 horas de trabajo artesanal. Cada panel tallado, cada cartucho y cada motivo vegetal fueron recreados siguiendo los planos originales del siglo XVIII.

Los textiles, pieza clave del ambiente, fueron confeccionados por la casa Tassinari & Chatel mediante técnicas tradicionales de bordado. Se restauraron los conjuntos de verano, con brocado de Lyon sobre fondo amarillo y plata, y los de invierno, terciopelo carmesí con fondo dorado, devolviendo la coherencia visual que la Revolución había desmantelado.

El lecho, desaparecido tras los años de saqueo, se reconstruyó a partir de descripciones detalladas y de fragmentos conservados. El nuevo lit à la duchesse con dosel, inspirado en los cambios introducidos por Luis XVI en 1775, incluye el emblemático pelícano abierto de pecho, símbolo de sacrificio real.

Esta restauración no es solo estética; es una investigación material. Cada puntada y cada tabla de madera fueron analizadas para garantizar que la habitación funcione como un documento histórico, tal como lo hizo la reciente restauración de la Escalera de la Torre Eiffel.

Contexto histórico: del control absolutista a la Revolución

El dormitorio fue concebido en 1738 por Luis XV, quien buscó alejarse del ceremonial de Luis XIV y crear un espacio más íntimo y fácil de calentar. La nueva disposición marcó un giro en la vida cotidiana de la corte, donde cada mueble y cada tejido tenían una función política dentro del rígido orden de la monarquía.

A diferencia de la gran cámara de parada, destinada a los rituales públicos de despertar y acostarse ante la corte, este dormitorio ofrecía al rey una retirada privada sin abandonar el sistema de control absoluto. La disposición de los muebles, los paneles y los textiles revelaba quién tenía acceso y cuándo, convirtiendo la vida diaria en una extensión del poder real.

Cuando la familia real abandonó Versalles el 6 de octubre de 1789, la habitación quedó vacía, testigo silente del colapso del Antiguo Régimen. Hoy, al volver a habitarla, los visitantes pueden observar cómo la arquitectura y el decorado reflejaban la transición de un poder centralizado a una revolución que redefiniría Francia.

Esta puesta en escena también invita a comparar la conservación de Versalles con otras iniciativas de patrimonio, como la restauración de los callejones medievales de Betanzos, demostrando que la memoria material sigue siendo clave para entender nuestro pasado.

¿Qué sigue? La apertura del dormitorio real abre la puerta a nuevas investigaciones sobre la vida cotidiana de la monarquía y a programas educativos que acercarán a los ciudadanos a la compleja trama de poder que se gestó entre sus paredes. La experiencia promete ser un punto de referencia para futuros proyectos de restauración en Europa.

Pablo Hernández Gil
Pablo Hernández Gil

Crítico Cultural

Crítico cultural y escritor. Colaborador habitual en medios literarios.

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