El concepto hygge se ha instalado como la estética doméstica predominante en España. Desde la campaña de IKEA hace tres décadas hasta la masiva presencia en Pinterest, la imagen del hogar claro, neutro y confortable se ha convertido en la norma para la clase media educada.

Los interiores reproducen suelos de madera clara, paredes en blanco roto, sofás profundos y almohadones en tonos pastel. Estanterías pintadas de celeste, lámparas de luz indirecta y objetos decorativos que parecen sacados de una tienda de Zara Home completan la escena que hoy se ve en la mayoría de los feeds.

Sala de estar con estética hygge: suelos de madera clara, sofá profundo y luces indirectas
Sala de estar con estética hygge: suelos de madera clara, sofá profundo y luces indirectas

Hygge: la estética nórdica que domina los hogares españoles

Originario de Dinamarca, el hygge llegó a España a través de la literatura de Meik Wiking y la estrategia de IKEA, que lo presentó como "felicidad en las pequeñas cosas". Pinterest actuó como aplanadora de gustos, ofreciendo tableros con la misma paleta de colores y mobiliario modular. Marcas como Zara Home y Muebles Lufe han comercializado colecciones que reproducen ese modelo, consolidándolo como referencia obligada para cualquier proyecto de interiorismo.

En 2026, más del 30 % de los proyectos de reforma contratados por particulares citan el hygge como inspiración principal, según datos de la asociación de diseñadores de interiores. La tendencia se ha convertido en una especie de religión visual, donde la luz natural y los materiales naturales son sinónimos de buen gusto.

Detalle de una habitación hygge con estantería celeste, cojines pastel y lámpara de diseño nórdico
Detalle de una habitación hygge con estantería celeste, cojines pastel y lámpara de diseño nórdico

Crítica de expertos: la homogeneidad del interiorismo hygge

«Eso es porque Pinterest es una aplanadora de gustos», afirma Pedro Feduchi, arquitecto y profesor de la Universidad Politécnica de Madrid. «En todas partes está esa referencia que podríamos llamar 'lo vi en Zara Home' y que atrae a muchísimos clientes», añade su colega Ancor Suárez, de XStudio. La escritora Marta Jiménez Serrano recuerda: «Vivía en una provisionalidad permanente y elegía una estética neutra. Si no tienes un sitio, reproduces lo primero que ves: muebles blancos y baratos, estanterías modulares, objetos sustituibles».

Los críticos advierten que esta uniformidad elimina la capacidad de los hogares para contar historias propias. La falta de contrastes y la ausencia de objetos con valor sentimental reducen el espacio a una vitrina de consumo, desdibujando la identidad cultural regional.

Perspectivas: ¿hacia una ruptura del molde hygge?

Ante la saturación, algunos diseñadores están apostando por una estética más personalizada, incorporando materiales locales y colores más osados. El público joven, habituado a la sobreexposición de imágenes idénticas, muestra señales de cansancio y busca alternativas que mezclen lo nórdico con lo mediterráneo.

Si la tendencia sigue su curso, podríamos presenciar una reacción contraria que recupere la diversidad de estilos regionales. La próxima temporada de ferias de diseño ya anuncia secciones dedicadas a la «revalorización del patrimonio local», lo que sugiere que el hygge podría perder su monopolio sobre el buen vivir en casa.

En cualquier caso, la discusión ya está abierta: ¿seguiremos viviendo en hogares que imitan a los escandinavos o volveremos a llenar nuestras paredes con la memoria de nuestras propias raíces?

Pablo Hernández Gil
Pablo Hernández Gil

Crítico Cultural

Crítico cultural y escritor. Colaborador habitual en medios literarios.

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