La maja desnuda: secuestrada por la Inquisición como obra pornográfica

En 1815 la Cámara Secreta de la Inquisición de Madrid emitió una orden que obligó a Francisco de Goya a comparecer y declarar la autoría de La maja desnuda y *La maja vestida. El tribunal tachó ambas piezas de "pornográficas" y ordenó su incautación inmediata. La pintura fue retirada del palacio de Manuel de Godoy y puesta bajo custodia del propio tribunal inquisitorial.

Durante varios años la obra permaneció en el depósito de secuestros de la Inquisición, fuera del alcance de cualquier público. Sólo en 1820 fue trasladada a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde quedó almacenada en condiciones de reserva, sin exposición ni catalogación pública.

Detalles del proceso censórico y el destino de la obra

El interrogatorio a Goya, documentado en los archivos de la Inquisición, exigía que el artista explicara el motivo del encargo, quién lo había solicitado y los fines que perseguía. Goya respondió que el cuadro había sido encargado por Manuel de Godoy, primer ministro de Carlos IV, y que la modelo podría ser Pepita Tudó o la duquesa de Alba. La Inquisición, sin embargo, mantuvo su postura y mantuvo la obra bajo vigilancia.