Irán lanzó una serie de ataques coordinados contra instalaciones militares estadounidenses en el Golfo, dañando 16 instalaciones en 8 países y destruyendo un avión E‑3 Sentry valorado en 500 millones de dólares. Los ataques se produjeron entre el 2 y el 5 de mayo, utilizando misiles balísticos y drones de la Guardia Revolucionaria Islámica (GRI).

Los misiles alcanzaron radares, sistemas de comunicaciones y hangares en bases de Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Irak, Baréin y Jordania. En la base Prince Sultan, Arabia Saudí, el E‑3 Sentry quedó irreparable; en Al Udeid, Qatar, se reportaron daños en el centro de mando aéreo. En Kuwait, Ali Al‑Salem sufrió un impacto en depósitos de combustible, mientras que en Baréin la instalación naval de la Quinta Flota fue golpeada por drones marítimos.

Daño visible en la base Prince Sultan tras el ataque iraní
Daño visible en la base Prince Sultan tras el ataque iraní

La GRI conserva aproximadamente la mitad de su capacidad misilística y de drones, según el Pentágono, lo que le permite seguir operando con un nivel significativo de amenaza. "Los ataques han degradado capacidades críticas, pero la respuesta se está evaluando", declaró un portavoz del Departamento de Defensa.