Israel ocupa el sur de Líbano: hechos clave de la ofensiva de marzo 2024
El ejército israelí lanzó una ofensiva el 2 marzo 2024 y, en pocos días, había tomado el control de una zona de aproximadamente 10 km de profundidad a lo largo de la frontera con Líbano. La operación se inició tras un ataque conjunto contra instalaciones iraníes en territorio sirio, que Israel y EE. UU. llevaron a cabo a finales de febrero.
Las tropas hebreas han establecido puestos de control, puesto minas y demolido infraestructuras en aldeas como Marjayoun y Kfarchouba, impidiendo que los residentes regresen. Según fuentes del Ministerio de Defensa libanés, al menos 2 700 personas han muerto en Líbano desde el comienzo de la ofensiva, mientras que 2 civiles israelíes han perdido la vida por fuego de Hizbulá.
El 16 abril, el presidente Donald Trump decretó un alto el fuego entre Israel y Líbano, pero la medida no ha obligado a Israel a retirar sus fuerzas. En cambio, la ocupación continúa, y los combates se concentran en la zona recién creada, donde la población civil sufre desplazamientos y destrucción de viviendas.
Objetivos y métodos de la nueva zona de defensa avanzada
El Gobierno de Netanyahu ha definido la zona ocupada como una "zona de defensa avanzada" destinada a crear un amortiguador de que aleje a Hizbulá de la frontera norte de Israel. La estrategia combina la construcción de trincheras, la instalación de sistemas de vigilancia y la realización de patrullas constantes.
Esta zona replica la "zona de seguridad" que Israel mantuvo entre 1982 y 2000, pero con una mayor densidad de puestos de fuego y una política de expulsión de la población civil. Los analistas militares señalan que la medida busca evitar ataques transfronterizos y reforzar la percepción de seguridad interna.
En la práctica, la ocupación ha supuesto el desalojo forzado de cientos de familias libanesas y la destrucción de infraestructuras agrícolas. Las autoridades libanesas denuncian la imposición de restricciones de movimiento que impiden el acceso a servicios básicos como agua y electricidad.
El uso de artillería pesada y drones ha intensificado el ritmo de los enfrentamientos, generando un clima de incertidumbre para la población civil. Las fuerzas israelíes afirman que los bombardeos se dirigen exclusivamente a objetivos militares de Hizbulá, aunque los informes de organizaciones locales indican daños colaterales significativos.
Contexto histórico y geopolítico de la ocupación
La ocupación israelí del sur de Líbano comenzó en 1982 y se prolongó hasta el año 2000, cuando bajo presión internacional Israel se retiró tras la firma del Acuerdo de Taif. Ese periodo dejó una profunda huella en la política libanesa y sirvió de caldo de cultivo para el surgimiento de Hizbulá, una milicia chií respaldada por Irán.
Hizbulá se consolidó como fuerza dominante en el sur libanés después de la retirada israelí, y desde entonces ha mantenido una política de ataques intermitentes contra territorio israelí. La organización ha recibido armas, entrenamiento y financiación de Teherán, lo que ha convertido al conflicto en un proxy de la rivalidad entre Irán y Occidente.
En febrero de 2024, Israel y EE. UU. ejecutaron una ofensiva coordinada contra instalaciones nucleares iraníes en Siria, lo que elevó la tensión regional. La operación marcó un punto de inflexión, pues Israel buscó neutralizar la amenaza iraní antes de consolidar su presencia en el sur libanés.
Los antecedentes de la ocupación anterior explican la reacción de la comunidad internacional y la resistencia libanesa. La experiencia de los años 80‑90 mostró que la "zona de seguridad" no logró garantizar la seguridad de Israel ni estabilizar Líbano, y terminó como un fracaso militar y político.
Posibles repercusiones internacionales y escenarios futuros
Los gobiernos de Irán y Siria han condenado la ocupación, anunciando su apoyo a Hizbulá y prometiendo asistencia militar si la situación se intensifica. Al mismo tiempo, el presidente de Líbano ha pedido una intervención de la ONU para supervisar una posible retirada israelí.
Estados Unidos, por su parte, ha reiterado su respaldo a la seguridad de Israel, pero ha expresado preocupación por el aumento de víctimas civiles. La Unión Europea y la ONU han llamado a respetar el alto el fuego de Donald Trump, aunque sin imponer sanciones concretas a Israel.
El principal riesgo es una escalada que arrastre a actores regionales a un conflicto abierto, con la posibilidad de que Hizbulá lance ataques de mayor magnitud y que Israel responda con una campaña terrestre más amplia. Un conflicto de tal envergadura podría desestabilizar toda la región del Levante.
En el plano diplomático, el alto el fuego abre una ventana para retomar conversaciones en Washington, donde se busca una normalización de relaciones entre Israel y Líbano. Las negociaciones deberán abordar la delimitación de la frontera, la desmilitarización de la zona y la garantía de retorno de los desplazados.
Si la presión internacional logra que Israel retire sus tropas, el escenario podría dirigirse hacia una reconstrucción gradual del sur libanés y una reducción de la influencia de Hizbulá. En caso contrario, la ocupación prolongada podría consolidar una nueva realidad geopolítica, donde la presencia israelí sea un factor permanente en la seguridad del norte de Israel.
Para los lectores, la noticia implica que la estabilidad del Mediterráneo oriental está en juego y que cualquier cambio en la frontera libanesa‑israelí afectará directamente a la seguridad energética, los flujos migratorios y la economía de la región. Mantenerse informado será clave para comprender las decisiones que los gobiernos tomarán en los próximos meses.