Investigadores internacionales han demostrado que el arte rupestre monumental encontrado en cuevas de Arabia señalaba fuentes de agua hace 12 000 años. El hallazgo, publicado recientemente, muestra que estas imágenes cumplían una función práctica esencial para las comunidades nómadas de la época.

Pinturas prehistóricas: señalizadores de agua

En la meseta de Lubang Jeriji Saleh, los arqueólogos identificaron una serie de pinturas que coincidían con la ubicación de antiguos manantiales ahora secos. El análisis de los pigmentos y la datación por radiocarbono confirmaron la antigüedad de las obras y su relación directa con los recursos hídricos. La presencia de trazos gruesos y colores rojizos sugiere que los artistas planificaban la creación de los símbolos para que fueran visibles desde los recorridos habituales de los grupos humanos.

Determinación del propósito y vínculo con la fauna

El equipo combinó análisis químico de los pigmentos, datación por radiocarbono y un estudio estadístico de los patrones recurrentes de animales. Bisontes, ciervos, caballos, toros, antílopes y felinos aparecen repetidamente, con posturas y proporciones casi idénticas. Esta uniformidad indica una transmisión de conocimientos sobre la fauna local y su distribución, más que simples garabatos improvisados. La repetición de ciertos cuerpos sugiere también rituales de protección y una forma de marcar territorios de caza y agua.

Implicaciones para la relación hombre‑naturaleza en la prehistoria

Según el bioeticista Kerry Bowman de la Universidad de Toronto, estas representaciones evidencian una comprensión temprana de la interdependencia entre humanos y entorno, mucho antes del concepto científico de biodiversidad. Bowman señala que motivos similares aparecen en el Sáhara, el Amazonas, Sudán y el sur de África, lo que indica una visión globalizada del entorno natural en la prehistoria. Las pinturas requerían planificación, herramientas y preparación de pigmentos, descartando la idea de que fueran meros adornos.

El descubrimiento refuerza la idea de que el arte rupestre funcionaba como un registro de recursos críticos y como medio de comunicación entre generaciones. Al identificar fuentes de agua, estas imágenes habrían facilitado la supervivencia en climas cada vez más áridos, ofreciendo a los grupos nómadas una guía visual de los lugares vitales.

En el futuro, los investigadores planean aplicar técnicas de escaneo 3D y análisis isotópico para mapear con mayor precisión la red de señalizadores y comprender mejor cómo estas comunidades gestionaban sus recursos. El hallazgo abre la puerta a reinterpretar otros sitios rupestres bajo la misma perspectiva funcional, lo que podría transformar nuestra visión de la cultura prehistórica.

Jesus Gil Moreno
Jesus Gil Moreno

Redactor científico

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