La comunidad internacional reconoce la esofagitis eosinofílica (EoE) como enfermedad crónica; en España afecta al menos a 1 de cada 1.000 personas y se ha convertido en la principal causa de atragantamientos y disfagia en niños y adultos jóvenes.
Paciente con esofagitis eosinofílica en el club deportivo familiar
Los datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica indican que el diagnóstico se retrasa entre 4 y 6 años en la mayoría de los casos, lo que dificulta la intervención temprana.
El aumento de casos no se explica solo por una mejor detección; los especialistas señalan cambios en el estilo de vida occidental y exposiciones ambientales que favorecen respuestas inmunológicas anómalas frente a alimentos.
Carlos Solas durante su etapa deportiva, mostrando la condición física
En 2015 se confirmó la EoE en Carlos Solas, 35 años, residente de Aguadulce (Almería), tras seis años de síntomas recurrentes y diagnósticos erróneos que incluyeron tratamientos psicológicos y de reflujo.
Solas siguió una dieta de eliminación de ocho alimentos alergénicos y recibió seguimiento multidisciplinar de alergólogos, gastroenterólogos y nutricionistas, aunque continuó con episodios de disfagia y tuvo que someterse a cuatro dilataciones esofágicas en un año y medio.
Perspectivas y recomendaciones
El caso refleja la realidad de muchos pacientes: pérdida de peso significativa, miedo a comer y deterioro de la calidad de vida, tanto física como mental.
Los especialistas del Grupo de Interés en EoE de la SEAIC recomiendan que cualquier joven con antecedentes de asma, rinitis o dermatitis atópica y que presente dificultad para tragar o atragantamientos recurrentes sea evaluado para EoE.
El protocolo de tratamiento estándar combina una dieta de eliminación, terapia farmacológica con inhibidores de la bomba de protones cuando sea necesario y, en casos graves, dilataciones endoscópicas para mejorar la motilidad esofágica.
La atención compartida entre alergólogos, gastroenterólogos, pediatras, patólogos y nutricionistas permite un seguimiento continuo y reduce el riesgo de complicaciones como estenosis o cáncer esofágico.
La detección precoz también abre la puerta a terapias emergentes, como los anticuerpos monoclonales dirigidos a la interleucina‑5, que están demostrando eficacia en ensayos clínicos.
Mientras tanto, la concienciación entre profesionales sanitarios y pacientes sigue siendo crucial; una sospecha temprana puede acortar el retraso diagnóstico y mejorar la calidad de vida.
Con la creciente prevalencia, las autoridades sanitarias están considerando incluir la EoE en los programas de cribado de enfermedades alérgicas, lo que podría traducirse en diagnósticos más rápidos y tratamientos más eficaces.