violencia migratoria Irlanda del Norte
El martes un joven sudanés intentó decapitar a un hombre en el centro de Belfast. El ataque, que quedó registrado por testigos, desencadenó una reacción violenta en barrios del norte de la ciudad. En cuestión de horas, grupos de manifestantes incendiaron y destrozaron varios domicilios habitados por inmigrantes.
En Glengormley, un hotel que acoge a familias recién llegadas fue rodeado por una turba que intentó forzar la entrada. Los residentes, mayormente procedentes de África y Oriente Medio, fueron obligados a refugiarse en sus habitaciones mientras la tensión aumentaba.
La Policía de Irlanda del Norte intervino rápidamente, bloqueando los accesos al edificio y dispersando a los agresores con unidades antidisturbios. Los oficiales impidieron que la muchedumbre entrara, evitando una escalada que podría haber cobrado vidas.
reacciones internacionales
Todos los partidos representados en la Cámara de los Comunes condenaron los hechos, subrayando la necesidad de proteger a la comunidad migrante. Nigel Farage, líder de Reform UK, fue la única voz que no emitió una condena explícita, generando críticas dentro del propio parlamento.
El portavoz de la Policía del Reino Unido declaró que se había activado el protocolo de seguridad máxima y que se había reforzado la presencia policial en los barrios más vulnerables. Además, se abrió una investigación para identificar a los responsables de los ataques.





