La infancia a través de la cerradura
La curiosidad innata de los niños los lleva a explorar su entorno de maneras inesperadas. Una de las primeras manifestaciones de esta curiosidad es mirar a través del ojo de la cerradura, ese pequeño agujero que ofrece una visión parcial de lo que se encuentra al otro lado. En ese momento, el mundo se convierte en un lugar enigmático, lleno de secretos y misterios.

El ojo de la cerradura como metáfora
Ese pequeño ojo era más que un simple agujero; era una metáfora de la forma en que percibimos la realidad. A través de él, veíamos fragmentos de la vida de nuestros padres, un mundo íntimo y extraño que nos parecía inaccesible. La cama doble y el armario de tres cuerpos con un espejo en el centro se convertían en elementos de un paisaje onírico, un lugar donde lo inconcebible se hacía realidad. Allí, en ese espacio doméstico, empezó a fraguarse nuestra existencia.






