Después de un intenso entrenamiento, Marc Soler, el ciclista de UAE, se relaja en el hotel Eden Roc de Sant Feliu de Guíxols, luciendo un chándal del equipo y gafas, con un aroma a linimento que delata su reciente sesión de masaje. A sus 32 años, Soler reflexiona sobre su carrera y su estilo de correr, desmitificando la imagen de persona arisca que se le ha atribuido.
El inicio de una pasión
Soler descubrió el ciclismo a través de las meriendas con su equipo de fútbol en Vilanova i la Geltrú. Mientras sus amigos y él entrenaban en bicicleta, los padres les ofrecían deliciosas meriendas que Soler disfrutaba enormemente. “Me gustaba mucho comer”, confiesa con una amplia sonrisa.
Marc Soler en el hotel Eden Roc de Sant Feliu de Guíxols, luciendo un chándal del equipo UAE y gafas.
Fuente: El País
La primera carrera de Soler fue con una bicicleta prestada por el club, que todavía tenía los cambios en el cuadro. “No gané, quedé como el 30”, recuerda. A pesar de eso, se enganchó al ciclismo y dejó de lado el fútbol, que ahora sigue por la tele o en ocasiones en el Camp Nou, ya que es un gran aficionado al Barça.
La formación y el salto al Movistar
Soler se formó en el Huesca La Magia y luego en el Lizarte antes de unirse al Movistar. En sus inicios, le gustaba más practicar deporte que verlo por la tele. “Al principio, no sabía quién era Fulanito o Menganito”, dice con gracia.
El ciclista Marc Soler durante una sesión de entrenamiento, mostrando su habilidad y resistencia en la carretera.
Fuente: El País
El mejor equipo del mundo
Ahora, Soler se siente orgulloso de estar en el *mejor equipo del mundo, según los números. El año pasado, ganaron 97 carreras y su director, Matxin, asegura que siempre hay margen para mejorar. La presencia de Pogacar es un factor clave en este éxito.
Pogacar, el fuera de serie
Soler describe a Pogacar como “el Messi del ciclismo”. Entrenar junto a él eleva el nivel de todo el equipo. “Tiene un don, es increíble”, afirma Soler. La exigencia de Pogacar y el alto nivel del equipo hacen que todos se esforcen por mejorar.
Marc Soler y su compañero Pogacar, trabajando juntos en un entrenamiento, demostrando su química y coordinación en el equipo UAE.
Fuente: El País
La gregariedad asumida
Soler asume con naturalidad su papel de gregario de Pogacar. La competencia interna en el equipo es feroz, lo que les hace a todos más competitivos. “Si quieres ir a las carreras, no puedes despistarte”, advierte.
Un ciclista sin grises
Soler concluye reflexionando sobre cómo se le percibe: “Parece que no hay grises conmigo, amor u odio”. Sin embargo, él se muestra dispuesto a seguir trabajando y mejorando en un equipo que aspira a ganar.