Hace 90 años, la Semana Santa en Sevilla fue un éxito inesperado, a pesar de que el Frente Popular estaba en el Gobierno y la derecha había intentado boicotearla. La celebración se llevó a cabo con normalidad, lo que fue un logro significativo después de una Cuaresma marcada por la incertidumbre y el temor a la ola anticlerical de 1931.

En ese momento, la derecha sevillana estaba en shock tras la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936. La 'cuestión religiosa' había sido un tema candente en la campaña electoral, y en Sevilla, la publicidad electoral incluso hacía referencia al recuerdo de los dos años en los que no hubo procesiones.

El contexto político era tenso, y la derecha, que había dominado el Ejecutivo de la II República durante dos años, se oponía a la celebración de la Semana Santa. Leandro Álvarez Rey, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, señala que 'se reproduce el mismo mecanismo de 1932: el intento de boicot de las derechas a la izquierda que han recuperado el poder'.

La Semana Santa de 1936 fue un desafío para las hermandades, que estaban formadas en gran parte por personas de tendencias conservadoras. Juan Pedro Recio, autor de Las cofradías de Sevilla en la II República, explica que 'desde el principio, las cofradías adoptan medidas de seguridad bastante extremas'. La ocultación de imágenes, como la Macarena, que fue escondida y trasladada en un tosco cajón de madera, fue una de las medidas adoptadas.

A pesar de las dificultades, el gobernador civil, Ricardo Corro, y el alcalde, Horacio Hermoso, garantizaron la seguridad a las hermandades si procesionaban en Semana Santa. Todas las cofradías, excepto Santa Cruz, decidieron salir, y se organizó un dispositivo de seguridad que incluyó escolta de guardias de asalto, guardias civiles y cabos del Ejército.