Hace un año, el 2 de abril de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio un discurso en los jardines de la Casa Blanca que marcó el inicio de una guerra comercial mundial. En ese momento, Trump impuso aranceles inasumibles a la mayoría de los países, asegurando que esta medida sería recordada como el 'Día de la Liberación' de la industria estadounidense. Sin embargo, desde entonces, el mundo ha sido testigo de un año de caos político, institucional, económico y geopolítico.
La guerra comercial iniciada por Trump ha tenido consecuencias devastadoras. Según Jamie Rush, director de economía global en Bloomberg Economics, el crecimiento global se está viendo afectado por la combinación de mayores costos del petróleo, condiciones financieras más restrictivas y un sentimiento de confianza vacilante. La crisis energética se está agravando, con el precio del petróleo por encima de los 100 dólares, y hay riesgos de una crisis alimentaria en África y el Sudeste Asiático.
La situación se ha vuelto aún más complicada con la guerra en Irán, que Trump describe como 'una pequeña excursión'. El conflicto ha desestabilizado a las empresas y ha generado nerviosismo entre los empresarios y analistas. Las encuestas conocidas esta semana indican que el conflicto está afectando negativamente a las empresas, desde Washington hasta Bruselas y Bangkok.
En la Eurozona, el sector privado rozó el estancamiento en marzo, con la confianza en su nivel más bajo en 10 meses. La Comisión Europea ha advertido sobre el riesgo de 'estanflación', mientras que Mark Zandy, economista jefe de Moody's, señala que la probabilidad de una recesión económica ya se había elevado notablemente.
A pesar de todo, Trump sigue insistiendo en que su estrategia es un éxito. En su discurso sobre el Estado de la Unión, afirmó que la inflación se había reducido y que la economía estaba en auge. Sin embargo, los datos no respaldan sus afirmaciones. La creación de empleo se ha frenado, la inflación no está controlada, y la deuda pública y el déficit están disparados.
La incertidumbre se ha convertido en el escenario base, y el presidente parece indiferente a los datos económicos. Los inversores se han aferrado a cualquier cosa, pero el optimismo inflado por la IA empieza a apagarse. El mercado de petróleo, gas o fertilizantes ha sido machacado, y las consecuencias se están sintiendo en todo el mundo.
En un año, Trump ha roto alianzas, ofendido a amigos y enemigos, multiplicado la incertidumbre, incentivado el proteccionismo y alterado las cadenas de suministro. El fracaso de su estrategia comercial es claro, y los datos comerciales anuales de 2025 demuestran que no ha logrado sus objetivos.
La deuda y el déficit público siguen subiendo a ritmos insostenibles, y EEUU tiene que refinanciar este año 10 billones de dólares de su saldo vivo. La situación es alarmante, y el legado de Trump puede ser un año de caos económico y riesgo de estanflación.
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Editor de Economía
Economista y periodista especializado en mercados financieros y política monetaria europea.
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