El mundo se enfrenta a una serie de desafíos económicos y geopolíticos que tarde o temprano afectarán a los bolsillos de todos. Desde la guerra en Oriente Próximo hasta la caza de la hacienda británica de los exiliados que huyen de Dubai, las tendencias mundiales están cambiando rápidamente.

La guerra en Oriente Próximo ha roto y encarecido significativamente los vuelos entre Shanghai y Madrid. Antes del conflicto, el trayecto habitual con escala en Doha o Dubai costaba alrededor de 650 euros. Sin embargo, hoy en día, las opciones más seguras y asequibles con escalas en Atenas o Múnich superan los 1.400 euros. El vuelo directo, que hace un mes rondaba los 1.000 euros, ahora se sitúa cerca de los 2.300 euros.

La aviación comercial está atravesando su mayor sacudida desde la pandemia. El conflicto en Oriente Próximo ha alterado los costes, la demanda y los mercados financieros. La capitalización de las 20 mayores aerolíneas se ha reducido en unos 53.000 millones de dólares. El combustible se ha encarecido hasta duplicarse, estrechando márgenes ya de por sí ajustados y empujando al alza las tarifas.

A pesar de que el deseo de viajar no para de crecer, el mundo se está encogiendo. El turismo internacional ha alcanzado máximos históricos y las previsiones de crecimiento son superiores al 50% en una década. Sin embargo, ese impulso choca con una realidad cada vez más áspera: guerras que cierran espacios aéreos, tensiones que endurecen visados, rutas más largas y caras, y gobiernos que convierten el movimiento de personas en una herramienta de poder.