Un reciente ensayo explora la evolución de la idea de progreso y cómo ha sido utilizada para justificar atrocidades y daños ambientales a lo largo de la historia. Según su autor, Samuel Miller McDonald, la idea de progreso es una falacia interesada y peligrosa que ha llevado a nuestra civilización al borde del precipicio.
La idea de progreso ha sido una de las más influyentes en la historia de la humanidad. Sin embargo, ¿qué hay detrás de esta idea? ¿Es realmente una bendición o una maldición? Para McDonald, la respuesta es clara: el progreso es una ficción interesada y peligrosa que ha sido utilizada para justificar genocidios, arrasar espacios naturales y mover fronteras.
La idea de progreso nació en la ancestral Mesopotamia, donde la combinación de mitología, habilidad para la extracción de recursos y legislación dio como resultado el nacimiento del progreso como construcción cultural. A lo largo de los siglos, esta idea ha pasado de ser una aspiración filosófica a convertirse en una ideología dominante que ha justificado la ejecución de proyectos sangrantemente costosos en lo humano y lo medioambiental.
La conquista de América, la Revolución Industrial, la utopía hitleriana, el comunismo y el neoliberalismo son solo algunos ejemplos de cómo la idea de progreso ha sido utilizada para justificar atrocidades y daños ambientales. McDonald sostiene que la fe casi religiosa en el progreso ha llevado a nuestra civilización al borde del precipicio y que es hora de pensar en una alternativa.
La Gran Aceleración, que comenzó en los años 50, marcó un punto de inflexión en la historia del progreso. El crecimiento vertiginoso de la población, la popularización del consumo y la urbanización a gran escala del hemisferio occidental propiciaron el nacimiento de una clase media dispuesta a arrodillarse ante el storytelling áureo del progreso. Sin embargo, este progreso ha tenido un impacto devastador en los ecosistemas.





