La empresa aragonesa Forestalia se ha convertido en un referente en el sector de las energías renovables en España, pero su rápido crecimiento ha generado tanto admiración como controversia. Fundada y liderada por el empresario zaragozano Fernando Samper Rivas, la compañía ha pasado de ser una pequeña promotora de proyectos renovables a convertirse en un actor clave en proyectos estratégicos que trascienden el sector energético.

Su evolución ha sido rápida y disruptiva, pero también controvertida. Forestalia ha generado tantos seguidores como detractores en el sector energético, en las instituciones y en el territorio. Para entender su trayectoria, es necesario mirar más atrás y analizar el contexto en el que se desarrolló.

Aragón ya había iniciado un camino que lo convirtió en una de las grandes potencias renovables del sur de Europa, gracias a sus recursos eólicos y solares. La calidad de sus recursos eólicos, la elevada radiación solar y la amplia disponibilidad de suelo han facilitado la implantación masiva de parques eólicos y plantas fotovoltaicas.

La región se ha consolidado como uno de los grandes polos de generación renovable del país, gracias a su posición estratégica en el eje noreste peninsular, clave para la evacuación de energía. Este cóctel explica que Aragón se haya convertido en un territorio privilegiado para la transición energética.

La historia de Forestalia comenzó en un momento en que Aragón estaba experimentando un cambio de ciclo. El concurso eólico de 2011 acabó judicializado y derivó en un bloqueo de varios años que frenó el desarrollo del sector. La moratoria estatal impulsada por el Gobierno de Mariano Rajoy (PP) congeló nuevas inversiones durante varios ejercicios.

Sin embargo, en 2016, el primer Gobierno de Javier Lambán (PSOE) resolvió el conflicto judicial y abrió de nuevo la puerta a los proyectos. Coincidió con las grandes subastas estatales de renovables impulsadas en la etapa de José Manuel Soria (PP) al frente del Ministerio de Industria.

Forestalia apareció en ese momento exacto y lo hizo rompiendo las reglas que entonces imperaban. En apenas año y medio, la compañía pasó de ser un actor prácticamente desconocido a adjudicarse cerca de 1.500 megavatios eólicos, en torno al 40% del total. Un resultado que sorprendió al sector y alteró el equilibrio tradicional dominado por las grandes eléctricas.

La clave fue su apuesta por acudir sin primas públicas. Forestalia defendió que la rentabilidad era posible apoyándose en la caída de costes tecnológicos y en la calidad del recurso eólico. Detrás de ese golpe de efecto estaba Samper, un empresario atípico en el sector al que pronto bautizaron como «el nuevo rey del viento» en España.

Trabajadores de Forestalia junto a aerogeneradores instalados en un municipio de Zaragoza (Fuente: El Periódico)
Trabajadores de Forestalia junto a aerogeneradores instalados en un municipio de Zaragoza (Fuente: El Periódico)
Parque fotovoltaico promovido por Forestalia en San Mateo (Zaragoza) / Cedida

Nacido en Zaragoza en 1964, pertenece a la tercera generación de una familia ligada al negocio porcino, el Grupo Jorge, el mayor productor de cerdos en España tras Vall Companys. Sin formación universitaria y con un marcado carácter autodidacta, se formó en el seno del citado gigante cárnico, donde llegó a ejercer como consejero delegado y participó activamente en su expansión e internacionalización.

Fue en esa etapa donde entró en contacto con las energías renovables. A finales de los años 90 comenzó a promover proyectos eólicos y fotovoltaicos, anticipando un movimiento que tardaría años en consolidarse. Su abrupta salida del grupo en 2011, tras desavenencias internas, marcó un punto de inflexión.

Como parte del proceso de separación, se quedó con activos energéticos y los convirtió en el germen de Forestalia. Desde ahí comenzó a construir una cartera de proyectos en la sombra, asegurando puntos de evacuación y madurando desarrollos a la espera de un cambio de ciclo.

Las subastas fueron ese momento. Discreto, poco dado a la exposición mediática y con un estilo de gestión basado en la anticipación y la eficiencia, Samper ha construido su figura lejos de los focos, generando una mezcla de admiración y escepticismo en el sector.

El éxito de Forestalia coincidió con una avalancha inversora sin precedentes en Aragón, que pasó a concentrar una parte sustancial de la potencia adjudicada en las subastas estatales. En pocos años, la comunidad multiplicó su capacidad renovable.

Hoy es la segunda en potencia eólica instalada, con más de 6.000 megavatios, y la quinta en fotovoltaica, rozando los 4.000 megavatios. Forestalia fue, sin lugar a dudas, el gran catalizador de ese proceso, pero no el único. Grandes eléctricas, fondos internacionales y empresas locales se sumaron a una carrera inversora que ha transformado el paisaje y la economía energética de Aragón.

La compañía trató también de diversificar con la biomasa. Su principal activo es la planta de Cubillos del Sil (León), de cerca de 50 megavatios, desarrollada con apoyo público. El proyecto ha atravesado dificultades operativas, reflejando la complejidad de este segmento.

Parque fotovoltaico promovido por Forestalia en San Mateo (Zaragoza) (Fuente: El Periódico)
Parque fotovoltaico promovido por Forestalia en San Mateo (Zaragoza) (Fuente: El Periódico)
Planta de biomasa que Forestalia tiene en Cubillos de Sil (León) / Cedida

En paralelo, impulsó la producción de pellets en Aragón, como la planta de Erla, orientada a la valorización de residuos forestales. Uno de los pilares menos visibles ha sido su apuesta por las infraestructuras de evacuación, esenciales para transportar energía hacia zonas de alto consumo como Catalunya, la Comunidad Valenciana o el País Vasco.

Sin embargo, estas infraestructuras han encontrado una fuerte contestación social y ambiental, además de obstáculos administrativos, convirtiéndose en uno de los principales cuellos de botella del modelo. El auge de las renovables y Forestalia no ha estado exento de tensiones.

El impacto territorial ha generado oposición en algunas zonas, especialmente en Teruel, alimentando el debate entre transición energética y conservación del paisaje. En el plano empresarial, su irrupción generó suspicacias. Su modelo, rápido y agresivo, abrió una brecha en el oligopolio eléctrico.

A ello se suman elementos controvertidos como la incorporación de perfiles políticos o la percepción de opacidad. Con el tiempo, Forestalia ha ido más allá del negocio energético, participando en proyectos como centros de datos o la gigafactoría de baterías de Figueruelas, consolidándose como un actor transversal en la economía aragonesa.

El foco judicial se articula en varias líneas que analizan presuntas irregularidades en la financiación pública y en la tramitación ambiental. Entre los casos figura su vinculación con el denominado caso Leire Díez y, especialmente, las investigaciones sobre el Clúster Maestrazgo, el mayor proyecto eólico terrestre promovido en España.

El caso ha incluido registros en sedes de la compañía, detenciones y actuaciones policiales que han situado al grupo en el centro del foco mediático. Con las diligencias en curso, el desenlace es incierto, pero el impacto reputacional ya es evidente.

La trayectoria de Forestalia ha marcado la historia reciente del sector energético aragonés, reflejando tanto el auge de las renovables como los límites de un modelo en madurez. El viento sigue soplando en Aragón. La cuestión es en qué dirección.

Ana Gutierrez
Ana Gutierrez

Corresponsal Internacional

Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.

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