Partidarios del Gobierno iraní ondean banderas nacionales durante una manifestación. / Europa Press/Contacto/Iranian Supreme Leader'S Off
Jaime Mejías
Un mes ha transcurrido desde que comenzó el conflicto entre EEUU, Israel e Irán, dejando una huella significativa en la economía global. Aunque todavía es temprano para evaluar las consecuencias a largo plazo, que dependerán en gran medida de la duración del conflicto, los ataques a infraestructuras críticas, el cierre del estrecho de Ormuz y las tensiones entre gobiernos han frenado el crecimiento económico y han encarecido los productos básicos, los carburantes y las hipotecas.
El aumento del precio del petróleo ha tenido un impacto directo en el costo de los carburantes, que han mantenido una tendencia al alza desde el inicio del conflicto. Según datos de Facua, el precio promedio de la gasolina en España es actualmente de 1,56 euros por litro, mientras que el del diésel asciende a 1,76 euros por litro. Ambos han experimentado caídas recientes debido a medidas fiscales implementadas por el Gobierno.
El pasado 21 de marzo, la gasolina alcanzó su precio máximo, con un promedio de 1,80 euros por litro en España, lo que representó un aumento del 21,55% o 32 céntimos desde el 28 de febrero. El diésel llegó a 1,941 euros por litro, exhibiendo un alza del 35,49% o 51 céntimos desde finales de febrero. En momentos críticos de marzo, cuando el petróleo superó los , tanto la gasolina como el diésel superaron los en varias estaciones del país.
Las consecuencias del conflicto también se reflejan en la economía en general. Los datos de crecimiento económico mostraban una buena salud hasta ahora, pero el Banco de España revisó a la baja la expectativa de crecimiento de España. El órgano eleva el avance del PIB hasta el 2,3% (1 décima) para 2026 —gracias a las rebajas fiscales del gobierno— pero lo reduce hasta el 1,7% (-2 décimas) para 2027. El BdE estimó que, en escenarios que contemplen un shock energético más largo, el crecimiento podría moderarse hasta un 1,9% del PIB.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) coincide con el diagnóstico nacional. El organismo con sede en París rebajó el pasado jueves el crecimiento del PIB español una décima en 2026, hasta el 2,1%, y hasta el 1,7% en 2027. En el contexto internacional, la OCDE no ha modificado previsiones para 2026: el crecimiento de la economía global frenará en 2026 hasta el 2,6%. Mientras tanto, en 2027, la previsión cae una décima, hasta el 3%.
La inflación en España también sufrirá un repunte considerable debido a la guerra en Irán, hasta situarse en el 3% en 2026, tres décimas más que en las anteriores proyecciones, todo ello marcado por el alza de los precios energéticos por el cierre del estrecho de Ormuz. La OCDE prevé un 3% en 2026 y un 2,2% el próximo año, siete y cuatro décimas más que lo originalmente previsto.
Sin embargo, Carme Poveda, economista jefe de la Cambra de Comerç, considera que España está menos expuesta que sus competidores europeos a uno de los componentes que explica el repunte inflacionario: el aumento de los precios de la energía. En España, alrededor del 25% de la producción eléctrica procede de fuentes fósiles, una proporción muy inferior a la de países como Italia, donde llega al 52%, o Alemania, con cerca del 48%.
Otro de los valores que ha sufrido una transformación significativa debido al conflicto en Irán es el euríbor. La tasa de interés a la que los bancos europeos se prestan dinero entre sí ha pasado de moverse en torno al 2,22% a principios del conflicto hasta superar el 2,9%, encareciendo así las hipotecas e impactando de lleno en las familias. La previsión de que la inflación apriete, y por consiguiente el Banco Central Europeo (BCE) se vea obligado a subir los tipos, ha empujado al alza la tasa, anticipando que lo que está por venir pueden ser más alzas.
Con el caos que envuelve a la economía internacional, queda una pregunta clave: ¿qué podemos esperar del próximo mes? Uno de los acontecimientos que definirán el rumbo inmediato de la economía europea será la próxima reunión del BCE. La institución presidida por Christine Lagarde mantuvo el pasado 19 de marzo los tipos de interés en el 2% por sexta reunión consecutiva, aún instalada en la política de espera adoptada por el hasta ahora buen rumbo económico.
Pero Irán lo ha cambiado todo. Alicia Coronil, economista jefe de Singular Bank, considera que la autoridad con sede en Fráncfort tiene una importante disyuntiva ante sí: “si no vamos a una solución del conflicto, y no se restablece sin coacción el tránsito del espacio de Ormuz, creo que sí que podríamos ir a un escenario en el que el BCE se vea abocado a realizar la primera subida de tipos de interés”, sostiene. Bank of America, de hecho, prevé que el BCE suba los tipos entre 50 y 75 puntos básicos en sus reuniones de junio o julio.
En caso de que el conflicto se alargue, truncándose las negociaciones de paz que tienen lugar actualmente entre las dos potencias enfrentadas, Irán y EEUU, Coronil anticipa un horizonte desastroso para la economía global. “Tendríamos unas previsiones de frenazo económico bastante considerables. Y realmente las consecuencias serían quizás más acusadas que lo que vimos por el comienzo de la guerra en Ucrania”.
Pese a estas previsiones, los expertos no descuentan ahora mismo un descalabro de la economía, que ha demostrado en crisis anteriores —el Covid-19 y Ucrania, las más recientes— que es capaz de recuperarse de las peores circunstancias. “No hay que olvidar que las empresas, en estos períodos de crisis energéticas, tienen la capacidad de reacción para reinventarse”, señala Coronil.