En la estación de tren de Van, en el este de Turquía, un pitido cansado anuncia la llegada del tren expreso procedente de Teherán. Los pasajeros, fatigados y ojerosos, desembarcan arrastrando pesadas maletas. La escena se repite día tras día, mientras miles de iraníes huyen de la guerra y del miedo a morir en las ciudades.
La joven iraní que no quiere dar su nombre, pero que se opone al régimen, explica que la situación en Irán es aterradora. "Querríamos que se fueran los mulás, pero no estoy segura de que así vaya a pasar". La joven es parte del goteo constante de miles de iraníes que escapan de la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero.
El conflicto ha provocado la muerte de unos 2.000 civiles, al menos 221 de ellos niños, según la red de activistas iraníes HRANA. Además, miles de viviendas, centros sanitarios y escuelas han sido destruidos o dañados por los bombardeos. La agencia para los refugiados de la ONU (ACNUR) estima que la guerra ha provocado el desplazamiento interno de 3,2 millones de iraníes.
Morteza, un joven de 28 años llegado a la estación de tren de Van, también se dirige a Europa. Su marcha es "definitiva". Le pesa dejar a sus padres atrás, pero quizás en el futuro pueda ayudarles económicamente. La situación en Irán es caótica, dice, pero durante el día la gente intenta hacer vida normal, aunque luego llega la noche y los cazas y los bombardeos.
La mayoría de los iraníes que llegan a Turquía lo hacen a través del paso fronterizo de Kapiköy-Razi. Bajo un cielo marmóreo, los recién llegados salen con sus bultos y maletas del puesto fronterizo. En la parte iraní, las autoridades han colocado carteles en los que piden a los viajeros que "se abstengan de conceder entrevistas o hacer comentarios a periodistas y medios de comunicación extranjeros y hostiles al salir".





