La historia de la humanidad ha estado marcada por la evolución de la violencia. Desde la quijada de burro utilizada por Caín para matar a su hermano Abel, hasta la sofisticación de la tecnología bélica actual, hemos recorrido un largo camino. La delicatessen de la foto, que muestra un niño caminando junto a un misil iraní en Siria, es un ejemplo de cómo la violencia ha cambiado de forma y fondo. Para llegar a este punto, hemos tenido que desarrollar herramientas y tecnologías como el acero, la pólvora y la producción en serie. Incluso hemos creado instituciones y estructuras para gestionar la violencia, como los ministerios de Defensa, que suelen ser más eficaces que otros, como el de Vivienda. La quijada de burro, símbolo de la violencia primitiva, ha evolucionado y con ella, los Caínes de este mundo.

La imagen del niño junto al misil es un recordatorio de la desproporción y la crudeza de la violencia. El misil, con su dureza y tamaño, contrasta con la fragilidad del cuerpo del niño, que aún está en formación. El chaval pertenece al reino de lo blando, mientras que el misil representa la fuerza bruta y la tecnología avanzada. La escena es un ejemplo de cómo la violencia ha cambiado, pero sigue siendo igual de devastadora.

La historia de Caín y Abel nos recuerda que la violencia ha sido una constante en la humanidad. Cuando Dios pregunta a Caín por el paradero de su hermano, él responde con cinismo: "No sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?". La respuesta de Dios es un juicio: "¿Qué has hecho? Ahora la tierra, que bebió la sangre de tu hermano derramada por ti, te maldice. Cuando cultives la tierra, no te dará más su fruto. Errante y fugitivo serás en la tierra". En eso estamos, en un mundo donde la violencia sigue siendo una realidad.