A pesar de la negativa de las diócesis a hablar sobre las víctimas de abusos, las investigaciones en todo el mundo buscan encontrar cifras creíbles sobre el alcance de la pederastia en la Iglesia Católica. Lo más inaceptable es que algunos miembros de la jerarquía eclesiástica intenten echar la culpa a las víctimas de los delitos de abuso sexual que han ocurrido dentro de la institución. El caso del antiguo obispo de Tenerife es un ejemplo claro: aseguró que había sido 'provocado' por adolescentes de 13 y 14 años a cometer abusos sexuales. Sin embargo, cuando algunas de esas víctimas denunciaron al obispo, la jerarquía no tomó medidas contra él y solo lo trasladó a otra diócesis.
La indiferencia de la jerarquía católica hacia las víctimas de abusos es un patrón que se repite. Es indignante ver el sufrimiento de aquellas personas que intentaron en vano que alguien les prestara atención y tomara medidas para evitar que casos similares se repitieran. La negativa a establecer indemnizaciones para las víctimas es también un obstáculo para que se haga justicia. En lugar de eso, la Iglesia optó por no proporcionar datos concretos y no participar en encuestas más amplias. Por ejemplo, un estudio encontró que el 1,13% de la población entre 18 y 90 años ha sufrido abusos siendo menor de edad en el ámbito religioso. Sin embargo, algunas diócesis, como la de Oviedo, se negaron a proporcionar datos.
El silencio no solo afecta a obispos o cargos intermedios, sino que también alcanza a cardenales y otros miembros de la jerarquía eclesiástica. Un total de 54 cardenales decidieron no hablar sobre el tema en las últimas décadas. Solo cuando el periódico EL PAÍS intervino ante la Conferencia Episcopal española y el Vaticano en julio de 2020, se pudieron abrir los expedientes y encontrar 816 personas que habían denunciado abusos en más de 306 casos distintos.





