¿Alguna vez te has detenido a pensar en cuánto tiempo pasas mirando tu teléfono móvil? Según datos recientes, el ciudadano promedio dedica 54 horas al mes a esta actividad, lo que equivale a recorrer 180 metros diarios haciendo scroll en la pantalla. Estos números han llevado a muchos a replantear su relación con la tecnología y buscar un equilibrio más saludable.

La historia de Francisco Ruiz, un emprendedor de 41 años, es un ejemplo de cómo algunas personas están tomando medidas para protegerse de la hiperconexión. Después de sufrir un burnout y crisis de ansiedad, decidió establecer límites claros con su trabajo y su teléfono. "Después de sufrir un agotamiento que se disfraza de normalidad, decidí tomar acción", explica. Ahora, no atiende mensajes ni llamadas antes de las 9 de la mañana ni después de las 9:30 de la noche, a menos que sea urgente.

Otra persona que ha encontrado una forma de equilibrar su vida es Carolina García, una opositora de 31 años. Compró un reloj analógico y se desinstaló todas las aplicaciones que permitían un scrolling infinito. "Trato de dejar el teléfono móvil fuera de la habitación por las noches", dice. Esta decisión la ha llevado a ser más consciente de cómo la tecnología afecta a sus alumnos, que a menudo tienen dificultades para leer y comprender textos largos.

La joven Lucía Jiménez, de 22 años, también ha adquirido un compromiso consigo misma para reducir su dependencia del teléfono. "Busco una higiene mental y aumentar mi presencia", afirma. Para lograrlo, ha establecido límites claros con sus jefes y compañeros, explicándoles que no está disponible para trabajar en , o fuera del horario laboral.