La adquisición de una vivienda siempre ha sido un desafío para una gran parte de la población, especialmente para aquellos que dependen de ingresos asalariados o como autónomos. En la actualidad, con una crisis habitacional en curso, caracterizada por una escasez de productos en el sector inmobiliario, dificultades en la tramitación y acceso a hipotecas, y precios elevados -el Colegio de Registradores de España estima un promedio de 1900 euros por metro cuadrado, la sensación es que la generación actual enfrenta un obstáculo significativo para acceder a la propiedad en comparación con sus padres. Según datos del Consejo General del Notariado, en 2025, solo uno de cada diez compradores tenía entre 18 y 30 años.
Comprar una vivienda hoy se estima que requiere siete años de sueldo, más del doble que en las décadas de 1980 y 1990. Además, el esfuerzo mensual necesario, en porcentaje del sueldo, es considerablemente mayor.
Al adoptar una perspectiva global, como se presenta en el reportaje, nos encontramos con una situación que explica la brecha generacional en este ámbito. Observando retrospectivamente los últimos treinta años, tanto la evolución de la emancipación juvenil como la de los salarios requeridos para afrontar compromisos hipotecarios, junto con la relación entre salario y precio, y la mayor incidencia de propietarios de mayor edad, nos llevan a confirmar un círculo vicioso que ratifica la percepción de un desfase generacional.
En otro orden de cosas, pero estrechamente relacionado con lo anterior, los datos del Instituto Nacional de Estadística señalan un ligero descenso -alrededor del - en el mercado de la vivienda en enero de 2026 en comparación con el año anterior. Aunque sigue siendo una cifra significativa que refleja un alto nivel de operaciones de compraventa, también advierte sobre la probabilidad de un descenso más notable próximamente. Solo del total de contratos se refiere a viviendas de protección oficial.





