La adquisición de una vivienda siempre ha sido un proceso complejo y desafiante. A lo largo de los años, las condiciones económicas, las tasas de interés y los precios de la vivienda han variado significativamente, lo que ha llevado a muchas personas a enfrentar dificultades para alcanzar su objetivo de convertirse en propietarios.
En este sentido, EL PERIÓDICO ha recopilado los testimonios de cuatro personas que han vivido la experiencia de comprar un piso en diferentes momentos de los últimos 30 años. Dos de ellas se encuentran en Madrid y las otras dos en Barcelona, lo que permite comparar las experiencias, plazos y necesidades de ahorro en diferentes contextos económicos y geográficos.
Liz Sánchez, una barcelonesa de 63 años, adquirió su piso en el barrio de La Sagrera en 1993. En aquel momento, los precios de la vivienda oscilaban entre los 15 y los 30 millones de pesetas. A pesar de que su expectativa inicial era permanecer en la zona de Virrei Amat o Sant Andreu, finalmente se decidió por La Sagrera debido a los altos precios de las otras zonas.
El piso que encontró era una promoción de segunda fase, y lo compró por 16 millones de pesetas sobre plano. La entrada fue de cinco millones de pesetas, que había ahorrado junto con la ayuda de sus padres. Su pareja en aquel momento apenas tenía ingresos, por lo que la elección de la hipoteca fue sencilla. La promotora tenía una hipoteca con Caixa Catalunya, y Liz y su pareja optaron por una subrogación.
Liz recuerda que destinaba una quinta parte de sus ingresos al pago de la hipoteca, que firmó con tipo variable. Sin embargo, cuando se separó de su pareja en 2006, se enfrentó a la necesidad de comprarle la parte del piso que le correspondía. En ese momento, ya rondaba su cabeza la idea de cambiar de barrio, pero no pudo debido a los precios.
La solución que encontró fue volver a hipotecarse para darle el dinero a su pareja y quedarse con la totalidad del piso. En ese momento, le dieron un interés variable, pero aumentó el porcentaje dedicado a la hipoteca de lo que ella cobraba, casi un 40% de su sueldo.
Mirando hacia atrás, Liz confiesa que cree que le ha ido bien, pero ahora mismo no tiene claro si podría acceder a una vivienda. "Veo alquileres que paga gente cercana que me parecen una barbaridad, hasta 1.300 euros por un piso viejo en Santa Eulalia".
En cuanto al valor actual del piso, con la idea de la estación de AVE tomando forma, no duda en que podría venderlo por, al menos, 500.000 euros, aunque nunca lo ha tasado.
Laura Berrio y su pareja llevaban unos 6 años viviendo en un régimen de alquiler "razonable" cuando decidieron comprar un piso en Barcelona. Llevaban años ahorrando y la volatilidad del mercado, junto al temor a que el precio subiera en cualquier momento, les animó a ello.
Les costó más de un año encontrar un piso y otros casi tres meses cerrar con el banco la hipoteca para pagarlo. "Al principio era mirar en plataformas para ir haciéndonos una idea de los precios, pero el problema acabó siendo lo agresivo que estaba el mercado".
La única forma de encontrar un piso era pedir un permiso en el trabajo para ir a visitarlo en horas laborables. La frustración era ver cómo los precios no paraban de subir. "Nos lo planteamos, pero yo me resistía: ¿Por qué tengo que irme de mi ciudad?".
Decidieron entrenar la paciencia y activar una estrategia basada en pelear solo por ver pisos que les encajaran de verdad. La hipoteca fue un proceso estresante y con muy poca claridad de cuáles eran los pasos que tenían que ir dando.
Afortunadamente, consiguieron una oferta con tipos fijos de interés mejor a la que habían perdido en un principio y en el mismo banco donde ya ingresan sus nóminas. Destinarán aproximadamente una cuarta parte de sus ingresos a pagarla.
Pilar Rodríguez, madrileña de 55 años, adquirió junto a su marido un piso en la Calle Téllez, situado en el barrio de Pacífico, en 1998. El coste en aquel momento ascendió a 26 millones de pesetas, lo que al cambio, en la actualidad, se traduce en unos 170.000 euros.
En 1998, los precios de la vivienda en Madrid comenzaron a repuntar. El Banco de España sitúa el periodo que comenzó en aquel año y acabó en 2002 como el inicio del tramo fuerte de repunte en la capital.
"Aquel piso lo compramos a base de privarnos de muchísimas cosas, con una economía de guerra tremenda", recuerda Pilar. La hipoteca de la promotora la ofrecía el Banco Santander, pero hallaron una mejor opción a través de un contacto personal.
La gran ventaja del instrumento financiero que utilizaron fue que podían aprovecharse ciertas deducciones fiscales en el IRPF. No les fue difícil obtener la hipoteca, dado que ambos eran en aquel momento trabajadores del estado, con nómina fija.
Pablo Neira, gallego de 24 años, compró un piso en el barrio madrileño de Marqués de Vadillo a finales de 2024. A los 22 años comenzó a trabajar en un banco, lo que le permitió empezar a pensar en comprar.
Considera que las personas que han nacido en Madrid tienen "una diferencia importante" con respecto a los que vienen de fuera a la hora de comprar un piso. "Muchos pueden permitirse vivir más tiempo en casa de sus padres y destinar ese dinero al ahorro".
Gracias a las condiciones ligeramente ventajosas que le proporcionaba su empleador, consiguió una hipoteca que le financiase el 100% del importe del piso. El proceso duró "unos tres meses".
Cuando le concedieron el préstamo, empezó a buscar. Para financiar cada mes el pago de su hipoteca, destina "aproximadamente" un 30% de sus ingresos.
Pablo considera que, al margen de los precios, absolutamente desorbitados, los impuestos limitan la compra de vivienda para los jóvenes. "Me parece una locura".