Riad y Abu Dabi están tomando una posición más firme contra Teherán en privado, mientras que su participación en el conflicto no es unánime en la región y podría exponerlos a mayores represalias.
Hace un mes, cuando Irán comenzó a lanzar misiles y drones contra países árabes del Golfo en respuesta a la ofensiva de Estados Unidos e Israel, Arabia Saudí condenó enérgicamente las acciones de Teherán, pero optó por no responder de manera directa. El reino calificó los ataques de "injustificados" y "cobardes", pero desde entonces se ha limitado a interceptar los golpes.
Sin embargo, en los últimos días, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han adoptado una postura más agresiva hacia Irán en privado, según varios medios estadounidenses. Estos países están presionando a Washington para que no detenga la guerra y buscan neutralizar la amenaza iraní y rediseñar la arquitectura de seguridad regional.
El embajador de Emiratos en Estados Unidos, Yousef al Otaiba, escribió en una columna en The Wall Street Journal que Irán "es una amenaza para la seguridad global y la estabilidad económica" y que "un simple alto el fuego no es suficiente". Considera que se necesita "una solución definitiva que aborde todas las amenazas de Irán: capacidades nucleares, misiles, drones, grupos terroristas y bloqueos de rutas marítimas".
El experto en política saudí Umer Karim afirma que los países del Golfo se encuentran en una situación compleja y que es lógico que busquen una solución que termine con la amenaza iraní. "Es comprensible que quieran que este conflicto termine de tal manera que Irán deje de representar una amenaza para ellos y para la seguridad marítima", considera.





