Riad y Abu Dabi están tomando una posición más firme contra Teherán en privado, mientras que su participación en el conflicto no es unánime en la región y podría exponerlos a mayores represalias.

Hace un mes, cuando Irán comenzó a lanzar misiles y drones contra países árabes del Golfo en respuesta a la ofensiva de Estados Unidos e Israel, Arabia Saudí condenó enérgicamente las acciones de Teherán, pero optó por no responder de manera directa. El reino calificó los ataques de "injustificados" y "cobardes", pero desde entonces se ha limitado a interceptar los golpes.

Sin embargo, en los últimos días, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han adoptado una postura más agresiva hacia Irán en privado, según varios medios estadounidenses. Estos países están presionando a Washington para que no detenga la guerra y buscan neutralizar la amenaza iraní y rediseñar la arquitectura de seguridad regional.

El embajador de Emiratos en Estados Unidos, Yousef al Otaiba, escribió en una columna en The Wall Street Journal que Irán "es una amenaza para la seguridad global y la estabilidad económica" y que "un simple alto el fuego no es suficiente". Considera que se necesita "una solución definitiva que aborde todas las amenazas de Irán: capacidades nucleares, misiles, drones, grupos terroristas y bloqueos de rutas marítimas".

El experto en política saudí Umer Karim afirma que los países del Golfo se encuentran en una situación compleja y que es lógico que busquen una solución que termine con la amenaza iraní. "Es comprensible que quieran que este conflicto termine de tal manera que Irán deje de representar una amenaza para ellos y para la seguridad marítima", considera.

Una forma de mayor implicación de Arabia Saudí y Emiratos en el conflicto podría ser respaldar y extender la capacidad de Estados Unidos para realizar ataques contra Irán, lo que incluiría el uso de bases aéreas en la región. Sin embargo, hasta ahora, los países del Golfo han asegurado que no han abierto sus instalaciones militares ni su espacio aéreo para lanzar ataques en Irán.

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salmán, ha alentado al presidente estadounidense Donald Trump a considerar un despliegue de tropas en Irán para tomar el control de su infraestructura energética. Trump ha meditado ocupar la estratégica isla de Jarg, desde la que Irán exporta más del 90% de su crudo.

Sin embargo, una participación directa en la ofensiva contra Irán implicaría asumir grandes riesgos. Teherán podría optar por escalar sus ataques contra sus vecinos del Golfo, y estos países podrían ser abandonados por Trump en cualquier momento.

El presidente del Parlamento de Irán, Mohamad Qalibaf, afirmó que disponían de informaciones de que "los enemigos de Irán" están preparando una operación para ocupar una isla iraní, presumiblemente Jarg. Advirtió de que "si avanza, toda la infraestructura vital de ese país será blanco de ataques".

El experto Ali Bakir cree que las informaciones sobre un papel más activo de Arabia Saudí y Emiratos en la guerra deben tratarse con cautela, pero opina que el principal riesgo "sería una escalada [mayor]". "Sin un amplio respaldo internacional, esta participación podría exponer a Estados [árabes del Golfo] a represalias directas y a una mayor inestabilidad regional", anticipa.

No todos los países de la región están de acuerdo con una postura más dura contra Irán. "Qatar y Omán no desean ninguna confrontación con Irán y podrían incluso estar abiertos a alguna forma de participación e integración iraní en un marco de seguridad regional", observa Karim.

Emiratos, uno de los principales centros financieros para empresas iraníes en el extranjero, también podría congelar el acceso de Irán a sus activos multimillonarios en el país como forma de incrementar la presión sobre Teherán.

El profesor de asuntos internacionales Abdullah Al-Otaibi cree que los países de la región "no se dirigen hacia la guerra, sino que refuerzan su doctrina de contención". "Lo que se podría interpretar como un mayor protagonismo es, en realidad, coordinación defensiva y demostración de fuerza, no intervención ofensiva", indica.

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