La creciente dependencia de los países asiáticos emergentes del combustible del golfo Pérsico amenaza con exacerbar la inestabilidad política en la región y ahondar las desigualdades sociales y económicas.

Los expertos en mercados advierten que una recesión económica mundial podría desencadenarse si el precio del petróleo alcanza los 200 dólares el barril debido al conflicto en Irán, que ya lleva más de cuatro semanas bloqueando el estrecho de Ormuz, una vía crucial por la que circula una quinta parte del petróleo y gas consumidos globalmente. Actualmente, el precio del crudo se encuentra en torno a 110 dólares.

En países como Bangladés, con un territorio tres veces menor que España pero con el triple de población, el gobierno ha implementado límites de consumo y ha cerrado universidades. Además, el Ejército se encarga de escoltar el transporte de gasóleo. Medidas similares se están aplicando en Pakistán.

En Filipinas, la jornada laboral de los funcionarios se ha reducido a cuatro días y se ha limitado el uso del aire acondicionado en edificios públicos. Mientras tanto, en Myanmar, se restringirá el repostaje a dos veces por semana, y en Nepal, la empresa estatal de energía solo llenará las bombonas de gas a la mitad.

El precio del gas natural licuado en Asia ha aumentado más de un 90% en cuatro semanas de conflicto, según el índice de referencia de Japón y Corea. Esta subida se debe en gran parte a la fuerte dependencia de estos países de las importaciones de .