La presidenta del principal partido opositor de Taiwán, Cheng Li-wun, se prepara para una visita a China que podría tener un impacto significativo en las complejas relaciones entre Taipéi y Pekín. La líder del Kuomintang (KMT) viajará del 7 al 12 de abril a China continental, en respuesta a una invitación formal de las autoridades chinas.
La visita de Cheng se produce en un momento de aumento de la presión militar china sobre la isla que Pekín considera una provincia separatista. Los críticos de la líder opositora sostienen que su viaje podría ser visto como una señal de que su partido está cediendo ante la amenaza de China, mientras que sus partidarios argumentan que el diálogo es esencial en estos momentos.
Cheng será recibida por Song Tao, un emisario de confianza del presidente Xi Jinping para los asuntos taiwaneses. El Partido Comunista Chino busca promover el desarrollo pacífico de las relaciones entre ambos lados del estrecho de Taiwán. Sin embargo, los críticos de Cheng sostienen que su visita podría ser instrumentalizada por Pekín para proyectar una imagen de división interna en Taiwán.
El KMT tiene una larga historia de vínculos con China continental. Después de ser derrotado en la guerra civil china, el partido se refugió en Taiwán en 1949 y durante décadas mantuvo la pretensión de ser el legítimo gobierno de toda China. Con la democratización de la isla, el KMT evolucionó hacia una posición más pragmática, defendiendo el statu quo y rechazando la independencia formal.
La última presidencia del KMT, la de Ma Ying-jeou (2008-2016), estuvo marcada por un acercamiento significativo con el Gobierno chino. Durante su mandato, se reactivó el llamado Consenso de 1992, una fórmula ambigua según la cual ambos lados reconocen la existencia de una sola China, aunque difieren en su interpretación. Sin embargo, este acercamiento sembró desconfianza entre una parte de la sociedad taiwanesa, que temía una dependencia excesiva de Pekín.
Cheng ha insistido en que el Consenso de 1992 constituye la única base viable para el diálogo. Ella defiende que esta fórmula refleja el sentir mayoritario de la población: evitar tanto la declaración de independencia como que la isla sea absorbida por la República Popular. Sin embargo, su propuesta choca con un contexto que ha cambiado en los últimos años, con una opinión pública cada vez más distante del régimen de Xi Jinping.
La propuesta china de reunificación bajo el principio de un país, dos sistemas, aplicada en Hong Kong, ha perdido atractivo en Taiwán tras la erosión de las libertades en la ex colonia británica. Para la mayoría de los taiwaneses, según indican numerosas encuestas, este modelo ya no ofrece garantías creíbles de autonomía. Pekín sigue considerándolo el marco preferente para una reunificación, aunque los líderes chinos no esconden que, de ser necesario, usarían la fuerza.
En estas cuestiones radican algunas de las principales tensiones del viaje de Cheng. Mientras el KMT defiende el diálogo sin aceptar explícitamente el esquema de un país, dos sistemas, el Gobierno chino insiste en que cualquier acercamiento debe asentarse sobre la premisa de una única soberanía china.
La líder del KMT fue elegida con la promesa de estabilizar la relación con el continente sin renunciar a la democracia taiwanesa. Ha insistido en que es necesario un encuentro cara a cara con Xi, aunque no ha sido confirmado por las autoridades chinas.
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