En el barrio de Poblenou, en un pequeño campamento improvisado cerca de la antigua fábrica La Escocesa, vive Montserrat Hernández junto a su marido Mohammed Zeghari y una veintena de personas más. Su historia es un reflejo de la de miles de personas que malviven en las calles de Barcelona, sin acceso a una vivienda digna ni a oportunidades para mejorar su situación.

El pasado miércoles, la Guardia Urbana de Barcelona desalojó a 126 personas que vivían en 40 barracas y tiendas de campaña en el Pont del Treball Digne, en el barrio de Sant Andreu. Aunque Montserrat y su marido no fueron desalojados en esta ocasión, su situación no es mucho mejor. Les han comunicado que serán expulsados de la barraca donde duermen hoy lunes.

La pareja lleva cinco meses viviendo en precarios refugios. El pasado 19 de noviembre, la Urbana les echó de un campamento en el puente de Calatrava. Después de pasar un par de noches "sobre cartones", se trasladaron al campamento del Pont del Treball. La vida no ha sido fácil para ellos. Montserrat, de 25 años, tiene mucha tos. "Estos últimos diluvios me han hecho mucho daño. El agua me caía en la cara mientras dormía", asegura.

La joven lleva 25 años soportando las desigualdades de una vida en la que parece que siempre le toca perder. "Mi madre era prostituta y toxicómana. Dormíamos en la calle, en el Raval, hasta que las administraciones se dieron cuenta de que mi madre estaba con un bebé. Acabé en un orfanato en Zamora. Luego me reclamó la familia paterna, donde un familiar acabó abusando de mí y con cuatro años ingresé en un centro de la DGAIA en Sant Andreu", revela.