El régimen de Teherán ha establecido una aduana en el Estrecho de Ormuz, cobrando dos millones de dólares en yuanes a los petroleros que deseen atravesar el canal. Esta medida supone un cambio profundo en la dinámica de la crisis energética y geopolítica en la región. Irán está ejerciendo su control sobre este accidente geográfico y lo ha convertido en su más rentable aduana.

El control iraní sobre el Estrecho de Ormuz

El Estrecho de Ormuz es un punto clave en la crisis energética y geopolítica actual. Irán ha minado la antigua ruta y ahora controla el paso de petroleros y cargueros. Los que deseen abandonar el Golfo Pérsico deben acercarse al canal entre la isla de Larak y la isla de Qeshm, cercanas a la costa de Irán. Es allí donde se encuentran con las autoridades iraníes que exigen el pago de una tasa para permitir el paso.

La tasa por cruzar el Estrecho de Ormuz

Según fuentes iraníes, el coste de cruzar el Estrecho de Ormuz es de dos millones de dólares por cada gran petrolero o carguero. Esta tasa se paga en yuanes, lo que supone un golpe a la influencia de Estados Unidos en la región y una forma de esquivar las sanciones financieras impuestas por Washington. Irán está utilizando mecanismos en yuanes y circuitos alternativos para vender su crudo a países como China.

El impacto en el mercado energético

La situación actual hace que Irán gane mucho más dinero con su crudo del que ganaba antes. Al reducirse la oferta global y elevarse los precios, ingresa más por barril. Al mismo tiempo, cobra una tasa por el tránsito marítimo. Esto ha convertido a Irán en uno de los grandes ganadores de esta crisis, junto con Rusia, que también ha visto reducidas las sanciones petroleras impuestas por Estados Unidos.