En 1985, cinco mujeres se unieron para romper con la tradición y participar en la procesión de la Semana Santa de Sevilla como nazarenas. Maruja Vilches, una de ellas, recuerda la tensión y el secretismo que rodeó aquel momento histórico. Llegaron a la iglesia con antifaces puestos para evitar ser reconocidas.

La presencia femenina en las filas de nazarenos era una insurgencia silenciosa que desafiaba la prohibición de procesionar impuesta por el derecho canónico y las reglas de las hermandades. Esta lucha por la igualdad se remonta a mucho más atrás, con mujeres como las 'cofradas' de la Baja Edad Media, que ya ocupaban un espacio activo en la ciudad.

La infiltración de mujeres en las hermandades

La hermandad de Los Javieres fue la primera en permitir oficialmente nazarenas en la capital. El hermano mayor y el arzobispo Carlos Amigo Vallejo fueron los únicos que conocían la verdad sobre la participación de cinco mujeres en la procesión. Maruja Vilches describe la precariedad de aquella conquista: no había servicios para mujeres en la carrera oficial.

Aquel hito en 1985 fue un punto de inflexión en la lucha por la igualdad. Un año después, la hermandad aprobó la igualdad entre sus hermanos y oficializó la salida de nazarenas. Maruja Vilches se convirtió en 2012 en la primera mujer hermana mayor de una cofradía de penitencia en Sevilla.

La genealogía de la lucha por la igualdad

La exclusión total de mujeres en las hermandades fue una construcción posterior. La hermandad del Silencio llegó a tener 300 mujeres con cirios, casi el 50% de la nómina, hasta que autoridades eclesiásticas posteriores impusieron la prohibición total. Maruja Vilches rescata este dato de la desmemoria.