Los mercados financieros están experimentando un aumento en la incertidumbre debido al conflicto con Irán y el repunte del petróleo. Esto ha llevado a un cambio en las expectativas sobre la posible transmisión de un shock geopolítico a la economía global. Los inversores están reevaluando sus estrategias ante la posibilidad de un deterioro económico.
Impacto en la economía global
El precio del crudo ha registrado subidas intensas en un corto periodo de tiempo, mientras que las bolsas han mostrado episodios de corrección y aumento de la volatilidad. Las rentabilidades de la deuda pública han tendido al alza, reflejando mayores expectativas de inflación y una prima de riesgo adicional asociada a la incertidumbre. El dólar ha actuado como activo refugio, reforzándose frente a otras divisas.
Canales de transmisión del shock
Estos movimientos apuntan a un mismo canal de transmisión: la energía. Cualquier disrupción relevante en la oferta de petróleo tiene efectos inmediatos sobre los precios y las expectativas de inflación. Un encarecimiento sostenido de la energía eleva los costes de producción, presiona los márgenes empresariales y reduce la renta disponible de los hogares.
Duración del shock
La clave no está tanto en la intensidad inicial del movimiento como en su duración. Los mercados han demostrado una notable capacidad para absorber shocks geopolíticos transitorios. Sin embargo, cuando estos se prolongan y afectan de forma persistente a variables fundamentales, las implicaciones macroeconómicas pueden ser más profundas.
Riesgo de estanflación
Es en este punto donde comienza a emerger el debate sobre un posible escenario de estanflación. La estanflación requiere condiciones exigentes, como una persistencia en el tiempo que termine trasladándose a la inflación subyacente y condicione las decisiones de consumo e inversión. Algunos elementos actuales justifican que los inversores comiencen a incorporar este escenario en su mapa de riesgos.
Condiciones actuales
La inflación no ha regresado completamente a los objetivos de los bancos centrales en muchas economías avanzadas. La política monetaria vuelve a enfrentarse a un dilema clásico, en el que cualquier decisión implica costes. Sin embargo, existen también diferencias relevantes con episodios históricos que invitan a evitar conclusiones precipitadas.
Diferencias con episodios históricos
A diferencia de los años setenta, las economías desarrolladas son hoy menos intensivas en energía, lo que reduce la sensibilidad directa del crecimiento a las variaciones del precio del petróleo. Los bancos centrales cuentan con mayor credibilidad en su compromiso con la estabilidad de precios.
Nuevos factores de vulnerabilidad
Sin embargo, hay nuevos factores de vulnerabilidad, como el elevado nivel de deuda pública y privada, que hace que las economías sean más sensibles a cambios en los tipos de interés. Un escenario en el que la inflación se mantuviera elevada durante más tiempo implicaría condiciones financieras más restrictivas.
Escenarios para los próximos meses
En este contexto, resulta útil plantear distintos escenarios para los próximos meses. El escenario central sigue siendo el de un shock temporal, en el que la tensión geopolítica no se traduciría en una disrupción prolongada de la oferta energética. Un segundo escenario contempla una persistencia mayor del encarecimiento energético.
Conclusión
Por el momento, los mercados parecen moverse más por la incertidumbre que por un deterioro económico ya materializado. La evolución del conflicto y su impacto sobre el suministro energético serán determinantes para calibrar la magnitud del riesgo. Si el shock se diluye, el episodio quedará probablemente como una perturbación transitoria en un ciclo económico todavía resiliente.
Temas relacionados
Editor de Economía
Economista y periodista especializado en mercados financieros y política monetaria europea.
¿Te ha gustado este artículo?
Suscríbete a nuestro boletín y recibe las mejores noticias en tu correo cada día.





