El primer ministro húngaro, Víktor Orbán, y su ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, han actuado como agentes del Kremlin en la UE, proporcionando información sensible y defendiendo posiciones favorables a Rusia. Su deslealtad ha generado dudas sobre la capacidad de la UE y la Alianza Atlántica para abordar casos de traición.

La Traición de Orbán

La publicación de investigaciones periodísticas en EE UU y Bruselas ha revelado la acción coordinada del Gobierno de Orbán con el Kremlin. Ambos han proporcionado información sensible sobre las reuniones y debates de los organismos europeos en Bruselas, e incluso han abogado por el levantamiento de sanciones personales a petición del ministro de Exteriores ruso, Serguei Lávrov.

La UE y la Alianza Atlántica se fundamentan en la cooperación leal y la solidaridad entre países socios, pero no tienen procedimientos claros para abordar casos de traición. La UE podría abrir un procedimiento para desposeer a Hungría de los derechos adquiridos, pero este proceso sería largo y complejo.

Consecuencias para Ucrania

Las actitudes de Orbán se centran en debilitar a Ucrania, bloqueando el préstamo de 90.000 millones de euros aprobado por los Veintisiete. También ha anunciado el corte del suministro de gas a Ucrania, lo que podría ahogar a Kiev y complacer a Moscú.

La deriva de Orbán ha costado a su país la retención de parte de los fondos europeos por corrupción y abusos contra el Estado de derecho. Los ciudadanos húngaros tienen en sus manos acabar con este sabotaje a la UE en las elecciones del próximo 12 de abril.