Mientras llevo a mi hijo Teo a entrenar, paso por canchas de fútbol que me hacen reflexionar sobre mi pasado. El campo Kiko Serra de Eivissa, con su césped artificial recién instalado, me tienta a volver a jugar. Pero al ver a un grupo de hombres cuarentones jugando, me doy cuenta de que mi época ha pasado.
La nostalgia del fútbol amateur

Recuerdo cuando era joven y tenía partidos y entrenamientos. Mis padres solían decir: 'Al menos no se están drogando'. Pero ahora, al ver a esos hombres jugando, pienso que quizás estarían mejor si lo hicieran. La mayoría juega mal, con malos controles y golpeos. Están tiesos y coordinan mal.
La realidad es que el fútbol a nivel profesional puede ser un sufrimiento. Muchos jugadores dicen que no se disfruta a ese nivel. Y cuando se retiran, les duele todo y no saben qué hacer con su vida. Yo tengo ese sufrimiento, pero sin la experiencia de haber sido futbolista.





