El Estadio RCDE en Cornellà se convirtió en un foco de odio y racismo durante el partido amistoso entre España y Egipto, cuando miles de aficionados corearon insultos contra la religión musulmana. Este incidente ha generado un gran revuelo y ha puesto en evidencia la lucha contra el racismo y la xenofobia en el fútbol.
La imagen de una grada llena de aficionados españoles coreando 'Bote, bote, bote, musulmán el que no bote' es un claro ejemplo de la intolerancia y el odio que se está extendiendo en nuestra sociedad. Estos cánticos, que han dado la vuelta al mundo, son un golpe para las opciones de España de organizar la final del Mundial 2030.
El fracaso de la lucha contra el racismo en el fútbol
El presidente de la RFEF, Rafael Louzán, intentó minimizar el incidente, pero fue inútil. Mientras tanto, Lamine Yamal, jugador de la selección española, condenó sin tapujos el comportamiento de su propia afición. Este incidente pone en evidencia la incapacidad de los dirigentes del fútbol para abordar el racismo y la xenofobia en los estadios.
La FIFA ha hablado mucho sobre la lucha contra el racismo y la xenofobia, pero cuando se ha presentado la oportunidad de tomar medidas, ha sido incapaz de actuar. No se puede ignorar que en Cornellà también se coreó 'Pedro Sánchez, hijo de...', un canto que se ha convertido en un símbolo de la ultraderecha.





