En las regiones árticas, un comportamiento sorprendente ha sido observado en los renos: se comen sus propios cuernos. Un estudio reciente publicado en Ecology & Evolution revela que esta práctica es más común de lo que se pensaba y forma parte de una estrategia nutricional esencial para la especie Rangifer tarandus.

Un comportamiento inesperado

El estudio analizó más de 1.500 astas encontradas en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, en Alaska. Los resultados mostraron que más del 80% presentaba marcas de mordeduras y, en el 99% de los casos, estas correspondían a los propios renos. Durante años se pensó que eran roedores quienes descomponían estas estructuras óseas.

La importancia de los cuernos

Las hembras de reno recorren hasta 2.400 kilómetros para llegar a sus zonas de parto, un esfuerzo energético enorme. Justo antes de dar a luz, pierden sus astas, que han estado acumulando minerales durante meses. Después, las mastican (propias o de otros ejemplares) para recuperar nutrientes esenciales como calcio, fósforo y proteínas.

Un suplemento natural

Estos restos óseos contienen elementos fundamentales para la producción de leche y la recuperación tras el parto. El fósforo es especialmente importante para garantizar el desarrollo de las crías en sus primeras semanas de vida. Este comportamiento convierte a las astas en una especie de “suplemento natural” perfectamente sincronizado con las necesidades biológicas de las hembras.