En el debate sobre la regulación en Europa, surge una pregunta crucial: ¿ha construido la Unión Europea con ambición en ámbitos estratégicos? La discusión sobre si se regula demasiado es recurrente, pero quizá esté incompleta. El verdadero dilema es también dónde no se ha regulado y qué consecuencias ha tenido eso.
La Unión Europea representa alrededor del 15% del PIB mundial y el euro concentra cerca del 20% de las reservas internacionales de divisas. Sin embargo, la mayoría de los pagos electrónicos en la Unión se canaliza a través de esquemas internacionales como Visa o Mastercard, redes globales con enorme capacidad técnica, pero con centros de decisión fuera del perímetro europeo.
La dependencia asimétrica en el sistema financiero
El acceso al dinero digital depende de redes cuya gobernanza y capacidad de ejecución no están en Europa. Esto revela una realidad incómoda: la autonomía deja de ser un concepto abstracto para convertirse en un problema operativo. La interdependencia es estructural, pero interdependencia no es lo mismo que dependencia asimétrica.
En algunos ámbitos, Europa ha regulado intensamente, pero en otros, asumimos que la infraestructura vendría dada por el mercado global. El resultado es que, mientras discutimos si nuestras normas son demasiado estrictas, dependemos en capas críticas del sistema financiero de arquitecturas que no controlamos.
El euro digital como herramienta de autonomía
Una moneda con aspiración global necesita apoyarse en infraestructuras coherentes con su propio marco institucional. De lo contrario, su peso económico no se traduce plenamente en capacidad operativa. El euro digital puede ampliar opciones, reducir concentraciones y reforzar la coherencia entre el peso económico del euro y la tecnología que lo sostiene.
La autonomía estratégica no significa autarquía. Europa seguirá formando parte de un sistema financiero global interconectado. Pero conviene aclarar que el poder en el sistema de pagos ya existe. No estamos eligiendo entre poder y ausencia de poder; estamos decidiendo dónde se sitúa ese poder y bajo qué reglas se ejerce.
El debate sobre la regulación y la construcción de infraestructuras
Algunos critican el euro digital por considerarlo un exceso de intervención pública. Pero la alternativa al euro digital no es un mercado neutral y desregulado; es un ecosistema en el que actores privados globales fijan estándares técnicos, gestionan datos financieros y establecen condiciones operativas que influyen directamente en la economía europea.
Europa puede ser exigente en su regulación y, al mismo tiempo, carecer de infraestructuras propias en ámbitos críticos. A veces el problema no es haber regulado demasiado, sino no haber construido lo suficiente. Quizá el verdadero debate no sea si Europa regula en exceso, sino si en los ámbitos estratégicos ha sabido regular y construir con la ambición que su propia moneda exige.
El euro digital no resolverá por sí solo todos los desafíos del sistema de pagos. Tampoco sustituirá al sector privado ni a las redes internacionales. Pero puede ser un paso hacia la autonomía financiera y la soberanía europea.
Conclusión
En conclusión, el debate sobre la regulación en Europa debe ser replanteado. No se trata solo de si se regula demasiado, sino de si se ha construido con ambición en ámbitos estratégicos. El euro digital puede ser una herramienta para reforzar la autonomía financiera y la soberanía europea.
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Editor de Economía
Economista y periodista especializado en mercados financieros y política monetaria europea.
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