La guerra de Irán plantea un futuro incierto para la economía global. Con numerosas incógnitas sobre la cantidad de drones que posee Irán, la voluntad de Donald Trump y la capacidad de Estados Unidos e Israel para soportar un conflicto prolongado, es difícil predecir el desenlace preciso.

Impacto económico: un panorama complejo

El impacto económico de la guerra de Irán es prácticamente indescifrable hoy por hoy. Sin embargo, es probable que los efectos se muevan en una horquilla entre negativos y muy negativos en 2026, sin llegar a ser catastróficos, con una probable mejora en 2027. Los escenarios extremos, tanto muy positivos como profundamente negativos, pueden considerarse menos probables.

La lista de incógnitas es larga: ¿cuántos drones tiene Irán y cuánto tiempo podría resistir? ¿Cuál es la verdadera voluntad de Donald Trump y su capacidad para soportar un deterioro electoral? ¿Cuánto armamento y munición tienen Estados Unidos e Israel? ¿Comparten ambos países los mismos objetivos sobre la duración del conflicto?

Consecuencias estructurales

Si el conflicto termina en semanas o meses, probablemente condicionado por la resistencia política de Trump ante el desgaste electoral, el mundo posterior al conflicto presentará cambios significativos. Si Israel percibe que Irán está cerca de desarrollar armamento nuclear, podría plantearse nuevos ataques preventivos.

Esto implica que los mercados empezarán a cotizar este riesgo de forma estructural, algo que antes no ocurría. Como consecuencia, los precios de la energía, los fertilizantes y determinados componentes clave para semiconductores podrían situarse de forma sostenida por encima de los niveles previos a la guerra.