Un fuerte temporal y la falta de ayuda están complicando la operación de rescate de un metanero ruso sancionado que se encuentra a la deriva en el Mediterráneo, cerca de la costa de Libia. El buque, de 277 metros de eslora, transporta 900 toneladas de combustible y más de 60.000 toneladas de gas natural licuado.

La amenaza medioambiental y económica

El incidente representa una grave amenaza medioambiental y económica para Libia, ya que la mayoría de sus campos de gas y petróleo marinos se encuentran frente a la costa. Un derrame de diésel podría dañar el ecosistema marino y las zonas de costa. El Fondo Mundial para la Naturaleza ha alertado de que el gas podría evaporarse en caso de fuga, pero un derrame de diésel sería devastador.

El metanero Arctic Metagaz sufrió un ataque con drones el 3 de marzo en el Mediterráneo central, que Rusia atribuye a Ucrania. El buque se encuentra sancionado por la Unión Europea y Estados Unidos por formar parte de la llamada flota fantasma de buques con banderas de terceros países. La operación de remolque se ha visto obstaculizada por las sanciones y las condiciones meteorológicas adversas.

La operación de rescate

Las autoridades libias han intentado controlar el buque, pero las difíciles condiciones meteorológicas, incluidos vientos de 40 a 50 nudos y olas de más de cinco metros, han provocado que el remolcador perdiera el control. El comité de gestión de crisis y de emergencias de la Autoridad de Puertos y Transporte Marítimo de Libia ha alertado de que la situación es crítica y requiere más recursos.