A sus casi 90 años, el sacerdote asturiano Ángel García Rodríguez, conocido como el Padre Ángel, sigue siendo una figura destacada en la labor social de la Iglesia en Madrid. Con más de sesenta años de experiencia ayudando a los más desfavorecidos a través de Mensajeros de la Paz, esta ONG que él fundó y que ha dejado su huella en 79 países, reflexiona sobre su legado y los desafíos de la Iglesia en la actualidad.

Un legado de servicio y compasión

Desde la terraza del Club Financiero Génova, en el corazón de Madrid, el Padre Ángel busca con la mirada la Iglesia de San Antón, gestionada por Mensajeros de la Paz, que está abierta las 24 horas para ofrecer refugio, consuelo y escucha a las personas sin hogar. “Tuve que esperar 78 años para tener una iglesia abierta para la gente que no tiene techo o que pasa frío”, comenta con orgullo.

Infancia y vocación

El Padre Ángel habla con nostalgia de su infancia en La Rebollada, donde creció en un entorno de pobreza tras la guerra. Recuerda a Don Dimas, un cura que se preocupaba por las viudas y los niños huérfanos, y que fue su ejemplo a seguir. “Iba a consolar a las viudas y a los niños huérfanos”, dice, destacando la importancia de la labor social de la Iglesia.

Fe en la humanidad

Preguntado sobre si la existencia de guerras, necesidades e injusticias en el mundo hace que sea más difícil creer en Dios o en el ser humano, el Padre Ángel responde sin dudar: “No”. Ofrece una visión optimista de la realidad, subrayando que “siempre hubo gente buena” y que las personas no son malas por naturaleza, sino que a veces están enfermas o taradas.