En sociedades cada vez más envejecidas, el cuidado de las personas mayores se ha convertido en un tema candente. La pregunta es: ¿cuidamos a nuestros padres por obligación moral o por afecto? La respuesta no es sencilla.

La vejez irrumpe sin previo aviso, y de repente, la biografía deja de ser un recuerdo y se convierte en responsabilidad. En sociedades donde la atención a las personas mayores sigue recayendo en gran medida en la familia, esta escena se repite. Pero no todas las historias familiares están hechas de cercanía.

El dilema ético del cuidado filial

Cuando los padres envejecen, aparece un dilema incómodo: ¿cuidamos porque queremos o porque debemos? La cuestión deja de pertenecer solo al terreno de los sentimientos y entra en el de la moral. El cuidado filial no puede resolverse solo en términos de lo que sentimos, sino también de lo que creemos que nos debemos unos a otros.

La educadora social y antropóloga Noemí Villaverde explica que la idea de que a los padres se les debe cuidar tiene que ver con el lugar central que el amor ha ocupado en nuestras sociedades. Sin embargo, matiza que ninguna de esas premisas es indiscutible. Podemos cuidar por amor, pero también 'por justicia, por libertad, por compromiso o por solidaridad'.

La perspectiva de la ética del cuidado

La filósofa política estadounidense Joan Tronto defiende que cuidar no es un gesto privado, sino una práctica que hace viable el mundo común. La filósofa Eva Feder Kittay recuerda que la vulnerabilidad no es una excepción, sino una condición recurrente. La autonomía es frágil y depende de redes de apoyo.