La muerte, un hecho inevitable, puede ser un proceso sereno o un calvario. Recuerdo el rostro pálido de un querido periodista, su mirada serena y su boca entreabierta, una imagen que me hizo reflexionar sobre la muerte digna. Su final, rodeado de seres queridos y personal sanitario, fue un ejemplo de cómo debería ser el último tramo de nuestra vida.

La negación de la muerte

De joven, siempre evité enfrentar la muerte, ignorándola o esquivándola cuando me encontraba con ella en mi camino. Acompañé a amigas con sus padres fallecidos, pero siempre miré hacia otro lado. Incluso cuando mi abuelo murió inesperadamente, me negué a ver su cuerpo sin vida. Preferí guardar la imagen de mis seres queridos en vida.

Un cambio de perspectiva

Todo cambió cuando mi padre falleció tras una larga lucha contra el cáncer. Sus últimos días, rodeados de familiares y personal sanitario, fueron una experiencia invaluable. Caminar de la mano hacia su final fue un proceso que recomiendo a todos. Morir es un hecho individual, pero la 'buena muerte' o 'muerte digna' debe ser una actividad compartida.

El significado de la eutanasia

La eutanasia, palabra griega que significa 'buena muerte', se refiere a un final tranquilo y sin sufrimiento. Mi padre tuvo una muerte dulce, rodeado de su familia, con un llanto manso y pacífico. Quisiera para mí y para todos los que amo un fin parecido. Las leyes avanzadas de nuestro país permiten elegir cómo queremos morir y nos libran de dolores innecesarios.