La Cuarta Cruzada, convocada en 1199 por el papa Inocencio III para recuperar Jerusalén, se desvió de su objetivo inicial y culminó en el saqueo de Constantinopla en 1204. Un grupo de nobles franceses, liderados por Teobaldo de Champaña, Bonifacio de Montferrato y Godofredo de Villehardouin, se embarcó en una expedición que se fragmentó debido a la falta de recursos y deudas.

El cambio de rumbo

La ruta se torció hacia Venecia, que ofreció barcos y transporte a cambio de 85.000 marcos de plata. Enrico Dandolo, el anciano y ciego líder veneciano, impuso condiciones que beneficiaban a la república veneciana. Los cruzados aceptaron compensar la deuda con acciones militares, lo que marcó un cambio en la expedición.

La influencia del Imperio bizantino

Una nueva propuesta del Imperio bizantino llegó en forma de una petición de ayuda para recuperar el trono por parte de Alejo, hijo del emperador Isaac II. Los cruzados aceptaron y se dirigieron a Constantinopla con él, dejando de lado la misión original. La ciudad impresionó a quienes llegaron, con su riqueza y grandeza.

El asalto a Constantinopla

El asalto a Constantinopla en abril de 1204 fue un hecho mayor. Las fuerzas cruzadas atacaron por tierra y mar, utilizando máquinas de asedio y estructuras instaladas en barcos para superar las murallas. La ciudad cayó tras varios días de combates y el emperador Alejo V huyó antes de ser capturado y ejecutado.