La madrugada del 28 de febrero, misiles iraníes cayeron sobre Abu Dhabi, poniendo en peligro la vida de trabajadores migrantes del sur de Asia. Rajesh Kumar, un electricista indio de 34 años, fue testigo de la explosión mientras trabajaba en una estación eléctrica. 'Al principio pensamos que era un transformador. Luego vimos el cielo iluminado', relató.

Vidas en suspenso en el Golfo Pérsico

La región alberga entre 20 y 24 millones de migrantes del sur de Asia, un tercio de la población total. Muchos de ellos trabajan en empleos esenciales que mantienen las ciudades en funcionamiento. Sin embargo, su situación laboral y migratoria es precaria debido al sistema kafala, que otorga a los empleadores un control casi absoluto sobre sus trabajadores.

Rajesh y otros seis compañeros se refugiaron detrás de contenedores metálicos mientras un misil interceptado caía cerca. 'Sentí el calor en la cara. Pensé que me había quedado ciego', dijo. A pesar de desear regresar a India, su pasaporte está en manos de su empleador, y su familia depende de los 400 dólares mensuales que envía.

La columna vertebral del desarrollo en el Golfo

Los trabajadores del sur de Asia son cruciales para el desarrollo de las Petromonarquías árabes. Construyeron carreteras, rascacielos, refinerías, puertos y aeropuertos. Sin embargo, su mano de obra barata y, en muchos casos, explotada ha sido la base del modelo económico de la región.

En los Emiratos, de ocho fallecidos por ataques iraníes, cinco son trabajadores del sur de Asia. En Omán, los tres muertos reportados son indios. En Arabia Saudí, las únicas víctimas mortales registradas son un ciudadano indio y otro bangladesí.