La democracia es el único sistema político que puede suicidarse legalmente, pero no mediante la abolición de las elecciones, sino a través de su manipulación estratégica. En Estados Unidos, la Administración de Trump está reconfigurando el sistema electoral antes de las elecciones de mitad de mandato. Mientras tanto, en Hungría, el primer ministro Viktor Orbán ha logrado un sistema electoral que le permite mantener el poder con una mínima participación.

El problema de la manipulación electoral

La pregunta es inevitable: ¿qué significa votar en una democracia vaciada? En Estados Unidos, Trump está intentando reconfigurar el sistema electoral en meses, mientras que Orbán tardó años en perfeccionar el suyo. Sin embargo, en Hungría, el problema va más allá de la justicia electoral. Péter Magyar, el líder opositor, puede ganar las elecciones pero no podrá gobernar debido a las leyes diseñadas por Orbán.

La arquitectura institucional en juego

Las urnas siguen siendo el instrumento de quienes carecen de cualquier otro, pero votar ya no es suficiente. La democracia no son solo las urnas, sino también la arquitectura institucional que las sostiene. Los tribunales, los medios de comunicación y los contrapesos institucionales son fundamentales para una democracia saludable. Cuando esta arquitectura se destruye desde dentro, el voto queda desnudo y solo.

El caso de Hungría

En Hungría, el 80% de los medios de comunicación emiten propaganda del partido gobernante, los tribunales están llenos de jueces leales a Orbán y las circunscripciones electorales han sido redibujadas para favorecer al partido gobernante. Si Magyar gana las elecciones, se enfrentará a un sistema judicial y institucional que está controlado por Orbán.