Durante un breve período, solo los suscriptores de elDiario.es pudieron leer este artículo. Agradecemos su apoyo. A lo largo de la legislatura, hemos argumentado que el principal problema del Partido Popular radicaba en su limitada capacidad para pactar con otros partidos, salvo Vox, lo que lo convertía en un socio incompatible para el resto. Esta situación lo obligaba a buscar la mayoría absoluta para gobernar en solitario. Sin embargo, ahora se ha revelado que el verdadero problema es su incapacidad para pactar con Vox, incluso cuando este partido gana las elecciones.

El problema de los pactos

Desde las elecciones en Extremadura, hemos esperado a que se formen gobiernos estables tras los giros a la derecha en las urnas. Inicialmente, se argumentaba que el viraje a la derecha buscaba orden y estabilidad. Sin embargo, ahora parece que la gente de orden ya no se preocupa por el desorden, siempre que sea promovido por sus propios partidos. La razón por la que no hay gobiernos en Extremadura, Aragón o Castilla y León se debe a que siempre hay elecciones en otra parte que parecen más importantes o urgentes.

La estrategia de Vox

Santiago Abascal, líder de Vox, se enfrenta a un dilema. Si se enfoca en denunciar a los culpables de turno, pierde el apoyo de los votantes de centro. Por otro lado, si se involucra en gobiernos de coalición con el PP, se debilita su discurso. El PP, por su parte, necesita que Vox deje de crecer para consolidar su posición. Sin embargo, Vox necesita seguir creciendo para mantener su influencia.