La política de separación familiar implementada durante la Administración de Donald Trump ha tenido consecuencias devastadoras para muchos menores migrantes. Una niña de tres años, separada de su madre en la frontera con México, sufrió abusos sexuales mientras estaba bajo custodia federal en una casa de acogida de Texas. El padre de la niña, con residencia legal en Estados Unidos, intentó sin éxito recuperar a su hija durante cinco meses.
El calvario de una niña inocente
La menor había cruzado la frontera de forma ilegal con su madre en septiembre y fue entregada a una familia de acogida en Harlingen, Texas. Durante su estancia, la niña sufrió abusos sexuales por parte de otro menor que también estaba bajo custodia. El padre, que había intentado recuperar a su hija desde el comienzo, solo se enteró de los abusos cuando presentó una demanda en los tribunales.
La lucha por la reunificación familiar
El padre de la niña trató de recuperar a su hija desde el inicio, pero enfrentó numerosos obstáculos. La Administración Trump impuso requisitos estrictos, como dejar huellas dactilares y una prueba de ADN, lo que retrasó el proceso de reunificación. Los abogados del padre enviaron una carta al Gobierno en febrero y lograron obtener las citas necesarias, pero la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR) volvió a retrasar el proceso.
Un problema sistémico
La política de separación familiar y los retrasos en la reunificación han tenido consecuencias graves para los menores migrantes. Según Neha Desai, directora de Children's Human Rights and Dignity, del National Center for Youth Law, "esto representa otra forma de separación familiar". La Administración Trump ha ignorado sistemáticamente sus obligaciones legales, poniendo en riesgo la salud y el bienestar de los menores.





