La corrida del Domingo de Resurrección en La Maestranza de Sevilla fue un éxito de público y taquilla, pero un fracaso para la tauromaquia. La plaza, abarrotada de gente, ofreció un espectáculo divertido pero carente de exigencia y sustancia. El nuevo empresario, José María Garzón, logró que Morante de la Puebla regresara a los ruedos, pero a qué precio.
La Politización de la Tauromaquia
La tauromaquia actual está en peligro de morir de éxito debido a la politización que la rodea. La izquierda se opone a los toros, la extrema derecha los detesta y la derecha se presenta como aficionada sin tener conocimientos profundos sobre la materia. Los políticos consideran los toros una presa electoral, lo que ha llevado a una situación en la que la fiesta se ha vuelto más divertida que emocionante.
La ministra de Trabajo y el de Cultura han tomado medidas que perjudican a los toreros, lo que ha llevado a algunos a preguntarse si la fiesta de los toros está en peligro. A pesar de esto, la RTVA retransmitirá siete corridas de la Feria de Abril y Telemadrid ofrecerá la Feria de San Isidro al completo.
Un Público Desconocedor
El nuevo público que asiste a las corridas de toros desconoce los principios básicos del espectáculo. Sin embargo, se ha encontrado con un ídolo: Morante de la Puebla, considerado un genio por muchos. El torero ha recibido un reconocimiento unánime y su presencia en la plaza ha generado un gran revuelo.
Los presidentes de las plazas, elegidos por los políticos, reciben un mensaje claro: no provoquen problemas y sean generosos con los trofeos. El resultado es un espectáculo vergonzoso, en el que se anula la exigencia y se reparten orejas como caramelos.

