Cuando uno dispone de tiempo para sí mismo, la segunda vivienda puede convertirse con facilidad en la primera. En la vida diaria, el ritmo acelerado nos lleva a pasar rápidamente de una página a otra, sin apenas tiempo para reflexionar. Sin embargo, en la tranquilidad de la segunda vivienda, las cosas adquieren un nuevo significado.
Un espacio lleno de recuerdos y objetos personales
En su escritorio, me rodean novelas de autores como John Irving, Sue Grafton y Ramiro Pinilla, así como un ensayo sobre la Guerra Civil y la represión en el pueblo de Rota. En el cajón de su mesa de trabajo, encuentro objetos personales como plumas, caramelos de menta y una receta del centro de salud a nombre de nuestra hija.
La cocina está llena de platos y fuentes que ella utilizaba para preparar comidas para amigos. El murmullo de su fuente entona canciones de Joaquín Sabina y Enrique Morente. En el salón y el jardín, su limonero, sus ipomeas y su televisor parecen preguntar por ella. Los cuadros de pintores amigos y algunas fotografías conservan escenas de otro tiempo.
Un refugio de intimidad y soledad
En el cuarto de baño, el cepillo de dientes y el peine están vigilantes, esperando su posible regreso. La cuchilla para la depilación mira hacia sus cajones del dormitorio, hacia la soledad de su ropa interior y sus objetos personales. Todo está en su sitio, como si ella pudiera regresar en cualquier momento.





