Veintitrés personas enfrentan acusaciones por retirar féretros de difuntos justo antes de su cremación para revenderlos en el grupo funerario El Salvador de Valladolid. Una testigo ha declarado que la Policía le mostró fotos de su esposo fallecido tirado en un terrazo negro y blanco.

La mujer, cuyo marido murió el 11 de octubre de 2013, ha comparecido en el juicio y ha expresado que es muy difícil de digerir recordar cómo la Policía le exhibió esas imágenes de su esposo fallecido con un cartón en el que ponía su nombre y la fecha del deceso.

El Caso Ataúdes: Una Red de Engaño

Las acusaciones contra los procesados se centran en los delitos de constitución de organización criminal, pertenencia a organización criminal, apropiación indebida, estafa, contra el respeto a los difuntos, blanqueo de capitales y falsedad en documento mercantil. Los hechos ocurrieron en el grupo funerario El Salvador de Valladolid.

Otra persona perjudicada ha relatado que, cuando fueron a contratar los servicios de la funeraria, todo el afán del empleado que les atendió fue que se decidieran por la incineración, que era mucho mejor opción que el enterramiento. Esto levantó sospechas sobre la verdadera intención de la funeraria.

El Impacto en las Familias Afectadas

Una opinión compartida por otra testigo, quien perdió a un familiar el 23 de junio de 2014, ha relatado cómo, cuando iba a llevarse a cabo la incineración, pusieron el féretro en una cinta transportadora que comenzó a moverse, se paró, el ataúd volvió hacia atrás, cerraron unas cortinas y ya no pudieron ver más. El sentimiento es indescriptible, no existe palabra adecuada para definir esta barbaridad; demuestra que la muerte es un negocio.