El 24 de noviembre de 2004, el expresidente balear Jaume Matas anunciaba la puesta en marcha de la primera línea de metro de Palma, un proyecto que se presentó como símbolo de modernidad pero que acabaría convertido en uno de los más controvertidos de su mandato. La construcción del metro se llevó a cabo en un plazo inusualmente breve de poco más de dos años, lo que levantó sospechas sobre su planificación y ejecución.
El nacimiento del metro 'exprés' de Matas
El proyecto de metro se planteó como una necesidad real de movilidad para la capital balear, que hasta entonces carecía de una infraestructura de este tipo. Sin embargo, su desarrollo se vio marcado por el calendario electoral, los sobrecostes y las deficiencias técnicas. La línea M1, que conectaba Palma con la Universitat de les Illes Balears (UIB), se concibió y ejecutó en un plazo muy breve, lo que llevó a decisiones apresuradas y una planificación técnica insuficiente.
La ejecución del metro se articuló a través de una red de concesionarias integradas en varias Uniones Temporales de Empresas (UTE), un modelo que dificulta el seguimiento del proceso y la atribución de responsabilidades. La prioridad política de llegar a tiempo a la inauguración terminó imponiéndose sobre la prudencia técnica, lo que tuvo consecuencias negativas en la calidad del proyecto.
Los sobrecostes y la inundación del metro
El presupuesto inicial del proyecto era de 235 millones de euros, pero el coste final de construcción se elevó a 343 millones, a los que hubo que añadir cerca de 28 millones en obras de reparación tras las inundaciones. La factura total superó los 500 millones de euros, más del doble de lo previsto inicialmente. La falta de tiempo también afectó a la evaluación de riesgos geotécnicos, especialmente en una ciudad con zonas inundables y una compleja relación con el nivel freático.





